Las hojas
Andaba por las calles urbanas. Era de noche, una noche gris y húmeda de otoño. Del cielo caían unas gotas que ella buscaba terminen en su rostro.
Gente, autos, luces y ruidos era el escenario que sus sentidos perceptuales captaban ajenos, como una situación que veía pero que no vivía.
Una peculiar circunstancia la alejó aún más de esa realidad: vio caer una hoja de un árbol que se estrelló en el suelo empapado.
Intentó -a la par de sus pasos- describir aquel momento, pero le fue imposible. Entonces se decidió a esperar que otra hoja caiga de ese u otro árbol.
Aguardó paciente hasta que sucedió. No obstante, comparó las dos imágenes que su mente había almacenado detalladamente y descubrió que no eran iguales. Los dos mismos objetos analizados en la misma acción eran diferentes: las hojas no caían de la misma forma.
e preguntaba por el hecho concreto de la caída de las hojas y por la sensación que provocaba ser espectador de esa escena.
Pensó un largo rato y comenzó a relacionarlos con las cosas que ocurrían en la vida de las personas.
Según su analogía, la caída de una hoja significaba un fin. Pero muchas otras cosas eran finales: las despedidas, los atardeceres, las peleas, los encuentros...
Le surgió en la mente la idea de que los finales quizás anuncien un comienzo. La caída de una hoja significa que se ha desprendido de su rama indica el fin de la vida de esa hoja en particular, que supondrá el nacimiento de una nueva en su lugar.
Andaba por las calles urbanas. Era de noche, una noche gris y húmeda de otoño. Del cielo caían unas gotas que ella buscaba terminen en su rostro.
Gente, autos, luces y ruidos era el escenario que sus sentidos perceptuales captaban ajenos, como una situación que veía pero que no vivía.
Una peculiar circunstancia la alejó aún más de esa realidad: vio caer una hoja de un árbol que se estrelló en el suelo empapado.
Intentó -a la par de sus pasos- describir aquel momento, pero le fue imposible. Entonces se decidió a esperar que otra hoja caiga de ese u otro árbol.
Aguardó paciente hasta que sucedió. No obstante, comparó las dos imágenes que su mente había almacenado detalladamente y descubrió que no eran iguales. Los dos mismos objetos analizados en la misma acción eran diferentes: las hojas no caían de la misma forma.
e preguntaba por el hecho concreto de la caída de las hojas y por la sensación que provocaba ser espectador de esa escena.
Pensó un largo rato y comenzó a relacionarlos con las cosas que ocurrían en la vida de las personas.
Según su analogía, la caída de una hoja significaba un fin. Pero muchas otras cosas eran finales: las despedidas, los atardeceres, las peleas, los encuentros...
Le surgió en la mente la idea de que los finales quizás anuncien un comienzo. La caída de una hoja significa que se ha desprendido de su rama indica el fin de la vida de esa hoja en particular, que supondrá el nacimiento de una nueva en su lugar.
El atardecer es el fin de un día, pero indica el comienzo de uno posterior.
Una despedida representa el fin de un encuentro, pero prevé un nuevo saludo de bienvenida.
Pero... ¿sabemos en realidad si habrá un último fin, ese que sea el FIN último e irreversible?
Más allá del incierto que comprende a la muerte que -según se piensa- es el fin último, aunque nadie lo sabe. ¿Por qué se le dice fin a las cosas que se renuevan? ¿Cuál es el fin entonces, el verdadero?
Inmediatamente después de hacerse este planteo, recordó lo que alguna vez había leído en un poema de Quevedo. Según sus contemplaciones a raíz de este poema, luego de "el fin" -la muerte- algo queda dando lugar a otro principio.
La muerte es el fin de la vida, pero también es el comienzo de la muerte en sí misma y el incierto universo que la contiene.
Una despedida representa el fin de un encuentro, pero prevé un nuevo saludo de bienvenida.
Pero... ¿sabemos en realidad si habrá un último fin, ese que sea el FIN último e irreversible?
Más allá del incierto que comprende a la muerte que -según se piensa- es el fin último, aunque nadie lo sabe. ¿Por qué se le dice fin a las cosas que se renuevan? ¿Cuál es el fin entonces, el verdadero?
Inmediatamente después de hacerse este planteo, recordó lo que alguna vez había leído en un poema de Quevedo. Según sus contemplaciones a raíz de este poema, luego de "el fin" -la muerte- algo queda dando lugar a otro principio.
La muerte es el fin de la vida, pero también es el comienzo de la muerte en sí misma y el incierto universo que la contiene.
Pero seguía sin poder describir la caída de las hojas. Sabía que era una escena maravillosa, única y hermosa, así como simple, sencilla y cotidiana.
Sabía que algunas caían con el tallo hacia arriba y medio enroscadas, otras de costado y que todas -al caer- emitían sonidos diferentes.
Sintió una gran contradicción, porque era bello verlas volando y detenerse en el suelo, pero deprimente a la vez.
Contemplaba caer cada hoja y podía verse ella atravesando la vida, los momentos y todos los finales que había protagonizado.
Permanecía ajena al tránsito del mundo a su alrededor, triste y melancólica. De repente, la felicidad la invadió al poder notar conscientemente que estaba viviendo uno de los momentos que más había anhelado en los últimos tiempos.
Se encontró en la calle oscura caminando en completa soledad y silencio absoluto. Adoró el minuto que duró ese instante y lo disfrutó tanto como jamás había imaginado.
El mismísimo universo podía desmoronarse aún con más fuerza que su propia vida en ese segundo, pero nada le importaba ya. Todo aquello que más quería en su existencia había finalizado, pero sin anunciar inicio alguno: el lazo más fuerte se había acabado, había visto y sentido caer esa hoja del árbol y pudo sentir el silencio de la oscuridad.
Ya no había cosa más que poseyera sentido alguno para que impulse su existencia.
El fin de sus deseos posibles había llegado, lo que preveía el principio de la nada absoluta.
Sabía que algunas caían con el tallo hacia arriba y medio enroscadas, otras de costado y que todas -al caer- emitían sonidos diferentes.
Sintió una gran contradicción, porque era bello verlas volando y detenerse en el suelo, pero deprimente a la vez.
Contemplaba caer cada hoja y podía verse ella atravesando la vida, los momentos y todos los finales que había protagonizado.
Permanecía ajena al tránsito del mundo a su alrededor, triste y melancólica. De repente, la felicidad la invadió al poder notar conscientemente que estaba viviendo uno de los momentos que más había anhelado en los últimos tiempos.
Se encontró en la calle oscura caminando en completa soledad y silencio absoluto. Adoró el minuto que duró ese instante y lo disfrutó tanto como jamás había imaginado.
El mismísimo universo podía desmoronarse aún con más fuerza que su propia vida en ese segundo, pero nada le importaba ya. Todo aquello que más quería en su existencia había finalizado, pero sin anunciar inicio alguno: el lazo más fuerte se había acabado, había visto y sentido caer esa hoja del árbol y pudo sentir el silencio de la oscuridad.
Ya no había cosa más que poseyera sentido alguno para que impulse su existencia.
El fin de sus deseos posibles había llegado, lo que preveía el principio de la nada absoluta.