lunes, 23 de junio de 2014

Entre ángeles y elefantes

En un acto inconsciente terminé por despojarme de todo el peso de mi identidad. Como en esos sueños recurrentes que tanto analicé en terapia, todo lo que indicaba quién era, dónde vivía, cómo cubría mis imperfecciones y con cuánto subsistía se desvaneció en un instante al olvidar mi cartera negra (sí, la indispensable de todos los días).
Llaves, dinero, recuerdos, tarjetas, perfume importado, lapiceras de parís, aceite reparador de pelo, esmalte de uñas, tijera de peluquero, botones, pase de colectivo, invisibles para el pelo y la identidad que certificaba un plástico. Esa identidad que había renovado cuando me pesaba la que tenía en un incipiente 2012.
Pero él estaba ahí, conmigo, queriendo recuperar todo lo perdido. Primero lloré unos minutos y, ahí nomás lo entendí: nada importaba tanto en esta realidad. Durante años puse mi seguridad en ese bolso guarda-materia y las pertenencias que transportaba. Ahora lo valioso no se carga, me acompaña.
Con este renacer, este empezar de cero tanto en las finanzas como en la organización general de mi vida da cuenta del final de esta larga época de búsqueda de mi misma que empezó seis años atrás. Transité un camino doloroso pero feliz, aprendiendo a quererme a mi y a aceptar el amor de los demás. Hoy la visión de Simona es otra y gracias a ella pude verlo a él y reconocerlo como lo que es. Esa visión que esta vez me permitió no dejarlo ir y armar esta historia como el final de un cuento y el principio de una vida:




Dicen que el destino está escrito. Que las tres dimensiones son sólo algunas de las que en verdad existen.

Ellos dos juntos conocieron al menos una nueva. Sí, cada vez que se encontraban en un espacio, en un chat o en un intercambio de e-mails todo se volvía nuevo y mágico. El ruido de la ciudad se diluía, la guerra de los Balcanes quedaba suspendida. Al principio fueron pocas, cortas situaciones adolescentes que, aunque aún no lo sabían sentaban las bases para la plenitud de un futuro inimaginable. En esa época se dieron los primeros abrazos, los primeros cuidados y hasta durmieron juntos por primera vez. Parecían simples anécdotas. Hoy sabemos que eran señales. Señales del cosmos que desoyeron. Es que quizás eran muy jóvenes para entregarse a ese amor tan puro. Debían vivir otras experiencias, crecer internamente, saber lo que es la soledad para valorar, cuidar y disfrutar sin barreras. No sabían nada del amor, en ese entonces era un componente de los cuentos, un abstracto ideal que desafortunadamente se entiende por diferencias. Aunque lo hubieran tenido enfrente no lo hubieran reconocido. No sabían que nueve años después, los designios de la causalidad los volverían a enfrentar. Esta vez con la desilusión, el dolor y la soledad de escudo. Pero la atmósfera nueva que generaban cuando se encontraban estaba intacta. Esta vez no se dejarían escapar. Frente a frente en un ascensor se vieron a los ojos y, sin palabras, sus almas entendieron todo, aunque no así sus mentes. Él le arrebató un beso, ella quedó inmutable. Ese sábado, el primero de aquel marzo sería el comienzo de lo máximo.


Entre ángeles y elefantes los tiempos son otros. Nada entre ellos es pronto, nada entre ellos es tarde. Un nuevo tiempo, una nueva realidad paralela más allá de la rutina, del tránsito, la oficina y la inseguridad. Un nuevo sentimiento que hasta al mundo le queda chico. Cada tanto los fantasmas del cerebro, del entorno y lo mundano los asechan desatando inseguridades, pero basta volver a verse a los ojos para conectar sin escalas con lo real.

lunes, 17 de febrero de 2014

Hoy empiezo ...

Y sí, un día la tierra bajo la alfombra se vuelve inocultable. Los recursos se agotan y las viejas cuentas pendientes pasan la factura.

Meses mirando hacia otro lado hasta que el lugar de la evasión se cubre de espejos que multiplican detalladamente las imperfecciones ignoradas.


Llega ese día en el que hay que tomar los verdaderos riesgos que implican una decisión para hacerse cargo del rumbo de la vida más allá de lo que el viento diga. 

Plantar bandera, irse al mazo y barajar de nuevo: quizás el último comodín no fue suficiente. Ustedes hagan sus apuestas, a mi táchenme la doble.

lunes, 3 de febrero de 2014

Despacio, febrero.

Terminó la feria judicial. 
Llueve. 
La operadora de Radio-Taxi no responde. 
La diagonal colapsa otra vez, el micro se escurre en un semáforo traicionero. 
Diez minutos de espera y aparece el 23. 
El visor de la máquina chupa crédito me recuerda el aumento en la tarifa de la sección: “Saldo insuficiente”. 
El chofer me mira: -Qué pasó flaca? (primer piropo del día, pienso). –Me quedé sin saldo (puchereando) ¿Con monedas cuánto es?. –Pasá y escondete en el fondo. 
La primera buena acción del día del hombre inicia la rueda de bumerangs energéticos darmáticos.
El primer día hábil de febrero. Los supermercados anuncian la “Vuelta al cole” y reabren los kioscos que acorralan los edificios públicos.
El modo holiday se diluye con estas lloviznas pro frizz. 
Las promesas de goce se desgastan ante el peso de la rutina y la maldita costumbre aún más pesadumbrosa de subsistir con sonrisas a media asta.
Todo lo que en ese ya lejano enero parecía posible y real se desvanece a la par del contraste de la marca de la bikini en la piel bronceada.

El nuevo ciclo empieza en un mes. Esta bisagra hasta el otoño tamizará algún pedazo de lo que supo ser plenitud. Los semáforos anuncian la onda roja...

lunes, 27 de enero de 2014

Unos 28 años

Un feliz cumpleaños. Una casa llena de abrazos y saludos. Un teléfono saturado de buenos deseos. Un sueño vívido y encantador.

Entonces, ¿Por qué la angustia? Se que va a pasar, igual que esas tormentas que parecen devastarlo todo a su paso. Cortas, pero que duran lo suficiente como para desatar ciertos caos. Más tarde un arcoiris, como un milagro trás la oscuridad. Y ahí andamos desprevenidos del cielo. Sin los ojos tan abiertos como para prever el temporal ni para contemplar la magia óptica compensatoria.

Una plenitud nueva: sin aeropuertos ni contextos exóticos. Un miedo irracional pero recurrente que cada tanto pretende boicotear las sonrisas. Dejavúes de una infancia de desapariciones bruscas. Una compulsión al control en vías de curación que desata innecesarios malentendidos. 
Y ahí los fuertes deseos de felicidad que se alinean con el cosmos para que por primera vez la balanza se incline por el lado de las risas.
Unos días llenos de todo. Unos 28 años con el amor de una familia que me eligió a pesar de la historia. Con unos reencuentros en viajes astrales sin reproches. 
El principio de una adultez con el goce inocente de un chico descubriendo nuevos mundos.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Escondites escondidos

Los escudos, los escondites: esas cosas o lugares cómodos que pensamos usar un tiempo para resguardarnos y representarnos.


Esas armas de doble filo que por momentos reemplazan la esencia. Años varios transité detrás de una coraza, los últimos la reemplacé por una cámara de fotos detrás de la que escondía mi imagen, presencia y cara completa. Fue la excusa perfecta de mis actividades, el motor de las invitaciones a eventos sociales y la guía de algunas amistades.

Fui testigo atestiguando tímidamente la vida y el universo. Las convocatorias de repente eran hacia mi escudo, ahí advertí que mi ser se había reducido a mi herramienta de escondite. Un objeto pseudo valioso pero efímero que ante la primera inundación corrió peligro como mi vida, un objeto que protegí más que a mi cuerpo, un objeto manipulable en el que deposité mis pasiones, inseguridades y frustraciones. Un objeto.

Ayer corrí mi cámara de mi cara y vi el universo con los ojos sin mediaciones, registré el momento en unas sinapsis que no se revelan más que en algún recuerdo. 
El paso siguiente es objetivarlo, moderar su uso y disfrutarlo como tal. Liberarme de mi propia arma. Soltar su correa y entrar a un salón repleto de gente sin justificaciones. Ser sujeto autovalorado sin fines de lucro

domingo, 8 de diciembre de 2013

Al margen

La vida y la sociedad se enmarcan en ciertas normas. La norma –lo normal- opera en una estandarización que la cultura –al menos occidental- homogeneiza desde los discursos sociales para asignar modelos familiares, vinculares, físicos, estéticos, laborales y de conducta.

La experiencia indica que todos y cada uno de nosotros –hasta el más políticamente correcto- en alguna oportunidad está al margen de la norma. Algunos en más casilleros, otros en menos. Ahí empiezan las relativizaciones con mayor o menor grado de justificación. 


Y cuando somos marginados somos de lo más solidarios, pero si estamos en la norma enseguida aprovechamos para juzgar y burlar a ese que está al margen por su piel, su elección sexual, el tamaño de su cuerpo, su profesión o vestimenta. ¿A cuántos nos queda bien la remera, el jean o los zapatos stándar?


Cerremos los ojos un rato e imaginemos que no hay hoja ni margen, que no hay moldes para encajar, que somos y punto.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Sobre la risa en tiempos de alergia


Hay situaciones felices que se presentan en las circunstancias menos ideales pero más inesperadas. Detectar en la rutina ese motor interior liberador de la risa es incluso más difícil que encontrar esa FELICIDAD que prometen tantos anuncios publicitarios. 
Correr la vista unos grados al costado supone ampliar el horizonte de expectativa ante el futuro eterno y prometedor que no es más que unicornio de cuentos que perseguimos en vano. 
Y un despiste involuntario protagoniza de repente las risas sinsentido al aire que inician un nuevo ciclo de posibilidades.
La enseña de la semana: abrir los sentidos al todo sin monopolizar la expectativa. Empezar a recordar cuando fue la última vez que sonreímos en lugar de las últimas lágrimas. Conectar con la presencia, ya no con la falta. No me preguntes de qué me río, reite conmigo.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Entresueños

La magia de ese primer sueño que combina lo que vivimos, lo que pensamos y el deseo. 
Esos minisueños en los que aparecen acá quienes están allá diciendo eso que no pronunciaron jamás. 
Sueños-flash en los que todo es posible –en colores o en blanco y negro-, incluso volver el tiempo y enmendar profundos errores. 
Onirismos que hacen clic en la realidad del soñante.

Esa gran magia efímera que pende de un hilo en contraste con el abrupto despertar ante un beep del lavarropas que nos devuelve a este lugar con la misión de reducir ese contraste hasta la felicidad.

martes, 29 de octubre de 2013

El contraste en lo homogéneo

¿A quién se le ocurrió que en la ciudad morimos en el anonimato? Apiladas, en serie, superpuestas se traslucen las vidas amontonadas de 34 familias cada mañana desde una ventana.
Son dos los edificios que se interponen entre mis ojos y la omnipresente Catedral: uno rústico con ladrillo a la vista de varias décadas de edad y otro moderno construido a base de cemento, vidrio y metal. En el de enfrente –el moderno-, 12 de las taperas casualmente tienen el mismo tender, 6 las mismas cortinas con una leve diferencia de tonalidades y el resto black out de más o menos calidad. Creo que aún no se percataron todos sus habitantes del espectáculo que supone cuando uno busca una idea, o simplemente cuelga la vista con cierta nostalgia apreciar la rutina de estos extraños tan familiares.



La chica estudiante del 5to A cambió dos veces de “novio” en menos de un año y, en este preciso momento está preparando una materia con una compañera utilizando el vidrio la puerta ventana del balcón como pizarra. El pibe del 6to B hace dos meses bajó la persiana, justo después de desfilar durante 45 minutos del placard al espejo en busca de una chomba que le combine con el jean y el sweater. Acá, en la oficina, apostamos que tenía una “cita”, pero a juzgar por el atuendo que eligió el éxito fue sólo una ilusión. 
El genial es el exhibicionista del 7mo: como a las 3 de la tarde se da una ducha y sale a secarse al natural al balcón. Cada mes, levanta sus pies apoyándolo sobre la baranda y –desnudo- se corta las uñas de sus extremidades inferiores. El asiático del 9no sólo se lo ve cuando habla por teléfono después de las 14.30 y a la mujer del 8vo cuando sale a fumar con la mirada perdida.


El detalle hace la diferencia. Entre nosotros igual, etiquetados en rótulos generacionales, profesionales, estéticos o religiosos nos identificamos ahí entre el contraste de lo aparentemente homogéneo. El precio: una pizca del tirano tiempo que mezquinamos compartir.

lunes, 21 de octubre de 2013

Adorando las pantallas -ya no puedo más-

Cuando era adolescente y me gustaba alguien, con mis amigas salíamos los fines de semana y recorríamos un par de bares para encontrar al chico en cuestión. Esperábamos un acercamiento y, si lograba tener una charla inicial, debía repetir el ritual cada sábado o viernes. Andábamos diagonal 74 de bar en bar, a veces entrando a algún boliche hasta que ese vínculo se afianzaba. Sino, el viernes a partir de las 5 de la tarde íbamos a 8 y 48 y seguro estaba por ahí. También podía ser en plaza Malvinas sábados o domingos a la tarde, algunas han llegado a dar vueltas por su barrio, e incluso a revisar la basura... Pasaban semanas hasta que o tenías una relación o sabías que se había puesto de novia con tu ahora archienemiga. Ese muchachito quedaba ahí en stand by y enfocábamos la mira hacia otro objetivo.
Hoy, con las palabras clave de su nombre y apellido, el nuevo dios Google nos dirá su vida y alimentación en Facebook, sus reflexiones en 140 caracteres, su perfil profesional y alguna que otra cosa que comparta él o cualquiera de su círculo en la web.
Ya más avanzado en investigación, sabremos a qué hora está en línea con el celular y de repente viramos en un stalker de la era digital. De repente, no analizamos con quién habla recurrentemente en el bar y a qué distancia, sino a quién le dedica una sobredosis de Me gusta en las fotos o publicaciones, quién retwittea sus estados en un marco de estudios semióticos de las letras de canciones que comparte de Youtube.



Salí con alguien del que leí más letras de las que escuché, vi más fotos de los recuerdos que tengo, encontré más explicaciones en una publicación en donde estaba etiquetado que en sus respuestas. Concluí enviando un bbm chat que cuando cambió de D a R, los pasos siguientes luego de la no respuesta fueron: eliminar contacto, bloquear contacto, eliminar de mis amigos, dejar de seguir. Eso como metáfora de perderse en la ciudad, de tachar de la agenda e intentar borrar del cerebro su número de teléfono particular, evitar pasar por su casa y no frecuentar los bares típicos.
Lejos de aliviarme, todo me indica que la promesa de la conexión me ha desconectado de la realidad. Si limpiara las interacciones digitales de las últimas relaciones, el resultado sería tristísimo.

Estamos cada vez más solos. Hablamos en simultáneo con varias personas mientras creemos que compartimos espacios y tiempo con otros que no son más que cuerpos y balbuceos alrededor. Adoramos las pantallas escurriéndonos del tiempo y espacio en el que vivimos mientras el silencio del otro aturde el cerebro en un torbellino de posibilidades.

lunes, 7 de octubre de 2013

Mujer: por antítesis o imitación del modelo materno

La mujer que fue capaz de hacer convivir en un casette a los Guns and Roses, Maná, Ataque 77, Rata Blanca, Elton John y Luis Miguel, me enseñó que el único amor incondicional y eterno es  el que se da entre padres e hijos.
De ella imité el recurso de la risa cuando las cosas se ponen feas. Fue la que a mis ocho años me inculcó la retórica defensiva de las palabras ante un probable ataque. En vano intentó darme los ejemplos prácticos de cómo nunca enamorarme o -si lo hacía- jamás demostrarlo.
En estos últimos nueve años sin ella me convertí en mujer con su imagen, por antítesis o imitación. Su recuerdo es como ese tótem al que acudo cuando el camino se ve borroso.


Ella, que me recibía después de las salidas. Con una sonrisa y los oídos abiertos si era antes de las 6, con unos sermones y unos ojos ensangrentados si pasaban las 6.30.
Aprendí sus recetas de tartas. Reemplazar azúcar por sal y manzanas por zapallitos. También a disfrutar de la vida, de la tibieza del sol y del olor a lluvia. Me enseñó que con paciencia y cuidado hasta una flor chamuscada se puede convertir en un árbol.
Durante mucho tiempo renegué de ella. De la manipulación que ejercía con su belleza ante ciertas situaciones, que causaban las peores discusiones. Hoy me sonrío en silencio mientras me opongo a esa enseña.

Hoy, nueve años después de su muerte, recién puedo afirmar que los recuerdos ya no duelen, que ese pasado que revivía con remordimientos forma parte de otra era. Sin embargo, como anuncian los avisos publicitarios: “En el mes de la madre, decile a la tuya cuanto la querés”. Acá mi homenaje público y accesible a todos e inútil a su principal destinatario.

martes, 17 de septiembre de 2013

Él lentes oscuros, yo auriculares

La rutina tiene ese no se qué de antiexpectativa. Parece que lo pájaros son los mismos y transitan el mismo camino. Que los árboles son iguales a los de ayer y mañana estarán inmutables. Que el vecino jamás va a jubilarse y la heladería de la esquina nunca se va a mudar.
Así transitan las mañanas, más o menos a las mismas marcas del reloj los mismos colectivos que se van, los mismos autos que me empapan cuando llueve, los mismos ciclistas por la diagonal, la misma torre de la Catedral a la izquierda.

Hoy todo iba en los carriles de lo pseudo habitual: llegaba tarde a la oficina, perdí un micro -o dos- entonces decidí caminar, y ahí el transporte público me daba otra oportunidad. Indiqué mi destino y busqué un soporte de dónde agarrarme. Remembering you standing quiet in the rain as I ran tu your heart to be near and we kissed as the sky fell in holding you close..", retumbaba en mis oídos. Ya se aproximaba mi parada y, evitando la curva de plaza, me anticipé a la puerta trasera del Mercedes Benz albirojo. Ya se agazapaban otras personas que bajarían conmigo cuando, sentado en la hilera del fondo, lo ví. Esos contrastes eran su marca registrada. Habían pasado ya tres años de la última vez que habíamos compartido un poco de oxígeno. 

La onda verde falló y pasé los minutos más largos de los últimos tiempos. Yo lo había visto, pero él ¿me habría divisado? Tenía sus clásicos lentes negros MDQ, CQC o algo así. Traté de buscar otros destinos para mi mirada ante la duda de que estuviéramos haciendo contacto visual. A los eternos siguientes segundos se paró y se acercó a la puerta donde ya esperábamos siete personas. Lo miré al centro de los lentes y él movió sus labios. Liberé mis oídos de los auriculares y nos saludamos. 
Repetí tontamente “todo bien?, yo bien, todo bien”. Bajamos de la caja rectangular de los imprevistos y descubrió sus ojos enfrente mío.

-Seguís laburando ahí?
-Sí, vos seguís laburando allá?
-Sí...
-….
-Que tengas lindo día.
-Chau Lu, que estés bien.


Se puso los MDQ o CQC que llevaba en la mano, dio media vuelta y caminó hacia 12. Yo me tapé los oídos con mis auriculares y fui en sentido a 13. Él sin querer ver, yo sin querer escuchar. Ahí entendí todo: ¿Cómo iba a funcionar bien un vínculo entre un ciego y un sordo?

viernes, 13 de septiembre de 2013

Imagen vs. Reflejo

El concepto de imagen se funda en la representación en todas sus acepciones. Sin embargo, el reflejo apela a una metáfora, a una representación que –claro- está en lugar de otra cosa. Por caso, hasta un acto reflejo representa a un estímulo. Es decir, como una segunda instancia de una imagen o un modo de abordaje a ella.

En el mundo perceptual accedemos a los objetos y a las personas a partir de la idea que elaboramos de ellas con rasgos obtenidos mediante los sentidos: la vista y el oído en mayor medida, el olfato y el tacto en menor escala. De ahí el cerebro condimenta con informaciones previas y subjetivas armando una ensalada que figuraría la imagen del otro.


En tanto, cuando pretendemos acceder a la propia imagen –sobre todo partir de los ojos-  no existe más que valernos del reflejo. Recurrimos al espejo, a una vidriera, a un cúmulo de fotos y al fantasma interior que definirá la percepción acerca de uno mismo. Pero estos reflectores también ejercen una fuerza distorsiva en el resultado y de acuerdo a la construcción de cada psiquismo el combo final es favorable o peyorativo.
Para el último caso, exponer abstracciones, palabras, ideas, fotografías, risas y sentimientos excluyendo el cuerpo supone un preconcepto bastante cómodo a partir del cual la auto-imagen se resguarda sin las probables interferencias de aquello a lo que aún no se puede acceder con cierto grado de objetividad. Ya cuando no hay otra salida que comprometer ese frágil, se abre el abanico de la devolución del otro y ante el primer dardo-crítica el efecto tortuga invade la escena en el intento por re-proteger la forma vulnerada.


Y se vive como en una diagonal de doble mano. Dos realidades paralelas que atraviesan los vínculos y relaciones de toda clase. Esperar un boulevard o alguna plaza infinita resulta la ilusión de reconciliación más cercana.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Vínculos e hipervínculos | Frentes y contrafrentes

Curiosamente dos palabras que parecen estar en el mismo árbol genealógico nunca estuvieron tan distantes por sus significaciones en este punto de la “semiosis”. Los vínculos tan en crisis, los hipervínculos tan de moda.

Navegando, sumergida en las redes de un submundo paralelo aposté a los últimos como un desafío metadiscursivo en el que me anclé. La vuelta a la superficie se desencadenó como los enlaces de algo que te lleva a otra cosa, en donde un punto en común une cada eslabón en un efímero encuentro que nada tiene que ver en su todo. Back-up, migración, exportación, importación, check: horas frente a las pantallas. Tantas, que cuando volví a tener unos ojos enfrente mi mirada se cristalizaba. Ahí estaban también esos vínculos fraternales que a través de mini pantallas había alejado. Del simulacro de vida construido en megusteos al mundo de la realidad aumentada por las sensaciones físicas mediadas tan solo por el éter.

jueves, 22 de agosto de 2013

Viento de cambios

De la aparente calma al soplido huracanado del efecto más poderoso de los invisibles. De la pesadez húmeda a la resecada sensación de velocidad. Vuelan las nubes, vuelan las hojas, vuela la basura, vuelan las bufandas y mi imaginación. Todo en una ciclotimia impredecible. Sin acordes, sin armonía.
Ruge el cielo, rugen los vidrios, rugen los toldos y algunos techos de chapa.

Tan invisible que de frente con su frescura y la fuerza de las partículas de no sé qué te enceguece. Para qué querés ojos hoy: volá, sentí, escuchá.

jueves, 8 de agosto de 2013

El universo del cómo hubiera sido si…

Resulta casi imposible en algún momento no repensar los pasos andados y rebobinar fantaseando en el mundo de las posibilidades. Interpretar la vida como “Elije tu propia aventura” con la chance de vivir todas las vidas y finalmente elegir esa versión de nosotros que nos hace más felices.

Los calendarios de perritos, faros, amaneceres y mujeres pulposas me despertaron esta mañana del congelamiento temporal en el que me sumergí algunos años. Congelé imágenes, palabras, situaciones aunque mi cuerpo y mente transcurrieron tal cual la pauta social lo indica. 
Ella no está y en mi mundo del cómo hubiera sido si, ella cumpliría 60 años. Pero la inmortalicé en sus 51, en esa mirada, con ese corte de pelo, con esas respuestas con las que a veces discuto o me pongo de acuerdo. Inmortalicé su amor y sus brazos que en algunos sueños me protegen y contienen.

Imagino cómo sería su aspecto ahora, qué ropa hubiera elegido del abanico actual, qué opinaría de mis zapatos, de mi flequillo, de mis confidencias, de mi trabajo, de mis fotos..hubiera yo elegido todo esto que es mi presente? Viviría en este espacio?. Y ahí me hundí en los mares de lo que no pudo ser, en los de lo que hubiera sido si… Entre algunas lágrimas inevitables de este duelo en cuotas.


Silencié las voces del deber ser: “Sos grande para..”, “Ya pasó mucho tiempo..”, “Ella está de otra forma..”. La frase hecha nunca encajó muy bien en mis transcursos y definitivamente hoy tampoco. Permitirme en estos tiempos de trajines un receso del disfraz, estimo (y espero) que forma parte de este re-despertar en el aquí ahora con estos contextos y aquellas ausencias sin las mortificaciones de los detalles que cambiaron los desenlaces de los cuentos que imaginé en la infancia para quedar en este presente que supone ser la única forma de ser yo que el universo encontró.

jueves, 1 de agosto de 2013

Un botón no sirve de muestra

En esta compulsión acelerada por ordenar el mundo en símbolos cargados de significación, inevitablemente tropezamos con la estrategia markitenera de segmentación de públicos. Ubicamos a las personas en cajones rotulados previamente por la experiencia y los estereotipos cristalizados sobre todo por los medios de comunicación. 
Desde el fordismo la producción en serie se instaló en nuestro placard y nuestros vínculos. Dime a qué te dedicas y te diré si eres un hijodeputa o un boludo. Justamente en los matices radica la diversidad, aquella que por lo general ignoramos, o que cuando descubrimos nos sorprendemos.
El ahorro del tiempo parece el principal motor de esta actitud inconsciente y maníaca que lamentablemente nos lleva casi siempre a la soledad. La vida como un producto, el humano como un producto de consumo efímero, cuya vida útil está dada por las variables físicas o los rasgos de sumisión.

Un rango etáreo, una pasión, un trabajo, una (y sólo una) actitud bastan para dar con el perfil (target) de un ser humano. 
¿ Acaso no hay esencia? ¿No es que somos únicos, ya que la subjetividad y el tránsito de nuestra vida nos hace incomparables? Sí en la teoría, la praxis habitual dista de aquel supuesto. No voy a tomarme el tiempo en conocerte, ya sé a quién tengo enfrente. ¿Por qué? Por mi compulsión a la repetición? Claro genio, tu compulsión a encasillar, a etiquetar, a creer que el otro no tiene nada nuevo para aportar más que la mierda en la que vos mismo te revolcás a diario.

Voilá, ahí está, cambiar el paradigma: ese bendito cristal por el que vemos las cosas que el mundo presenta. Conocer y reconocer al otro sin meterlo en ninguna caja preconcebida. Permitirse el disfrute sin contaminantes externos. Construir al otro desde lo que el otro muestra y ofrece y ya no desde lo que mi cerebro intenta reflejar, que no es más que el fantasma de mí mismo.

miércoles, 17 de abril de 2013

Dimensiones


Como todo lo que empieza a pasar… será el optimismo, la irracionalidad, el instinto mental de supervivencia, la pulsión de muerte o la ingenuidad lo que operó esa tarde-noche-madrugada para nunca imaginar que las cosas iban a ser como resultaron al final.
Una calle tapada de agua. Dos calles tapadas de agua. Un barrio tapado de agua. Dos o tres barrios tapados de agua. Una corriente, fuerte. El agua al pecho. Un cadáver. El agua a la cintura. Un poco de frío. Un par de horas. Media docena de horas. La mitad de un día bajo el agua.
La sorpresa, la risa de lo absurdo. El miedo, la desesperación. El terror.
La solidaridad. La miseria humana. El egoísmo. La contención. La desolación.
El agua barrió con casi todo. A su paso también le quitó el velo al aparentar y quedó el ser al desnudo. Arrasó con el quedar y dejó el estar..o no estar.
Cuando el barco se hunde, dicen que las primeras en huir son las ratas. Y cuándo la ciudad se hunde? También. Disfrazadas de amigos, vecinos, colegas, funcionarios, profesionales, comerciantes disfrazados de cualquier cosa con un traje que destiñe al primer lavado –o inundación-.
La nobleza se magnifica. La despreocupación duele más. Dimensión. Dimensionar. Esas son las palabras inabarcables.
Después, cerrar los ojos y transportarse en el tiempo hacia un momento pasado en un contexto que simula ser idéntico al actual. Pero un momento en el que todo se sucedía de otra forma. Las caras eran otras, las esperanzas quizás también. Los arribos eran muy diferentes así como las sonrisas.
Hacerme espacio en este presente es algo complicado. Se siente como volver a usar ese vestido de antaño al que este cuerpo tan distinto ya no está acostumbrado.
Estos días como un limbo. Como una bisagra. Un término medio. Una transición. Material? Espiritual? No lo sé, costosa pero feliz.
Y ahí está el agua como metáfora irónica. Sin contención. Dónde se contiene lo que siempre contiene otra cosa? Aprender a desbordarse a tiempo para no vibrar en la catástrofe. Esa es mi lección.
Hoy ya nada es como ayer. El augurio es que mañana una estabilidad romperá con estos titubeos.

viernes, 8 de marzo de 2013

El clic

Un viernes -de tarde-
Un baño -largo-
Un sahumerio -artesanal-
Una canción -dos o tres-
Una cerveza -fría-
Un cigarrillo -rubio-
Una película -boluda-
Una cena -al paso-
Un cansancio -profundo-
Un desvelo -inoportuno-
Un café -negro-
Una película -francesa-
Una lágrima -la última-
Un sueño -el más lindo-

martes, 20 de noviembre de 2012

11 Qanil (19 de noviembre)


No entendía bien qué hacía ahí. La fuerza del vacío me llevó por la inercia de un aire peculiar. Verde era mi abrigo en una primavera calurosa, verde el pañuelo… verde el deseo y la esperanza.


Mariachis, concierto de cuencos, hippies, viejas, viejos, aborígenes, alterno-punk, budistas, arquitectos, abogados, periodistas. Palabras, hasta ahí palabras preconcebidas, clasificaciones para ordenar el cerebro. El sonido comenzó, las palabras desaparecieron, asi como las clasificaciones. Éramos energía, una sola compuesta de almas individuales en un plano más allá del tiempo y el espacio. Mi viaje fue primero por un bosque, verde. Tomé vuelo, la busqué a ella y flotamos por el cosmos. Luz. Colores: primero violeta, después verde, amarillo y rosa. La vibración del sonido condicionaba el viaje, al final bucee en un océano. Al volver todo era diferente, y eso que el cambio aun no había empezado. Llegó la bendición con el agua diamantina y la ofrenda al fuego en ese 19 de noviembre argentino, 11 Qanil en el calendario maya. Permiso al elemento, ofrenda natural y miedos pulverizados para transmutarse en bendición. Él se acercó y susurró que mañana todo iba a ser diferente. –Ojalá- respondí. –No-, me dijo él, -es así.
Coronando el ritual, las danzas circulares, los agradecimientos y abrazos a esos cuerpos desconocidos de almas amigas.
Definitivamente, hoy todo fue diferente. El mundo es el mismo, la percepción es nueva.


domingo, 18 de noviembre de 2012

Domingos de concluir

Una mañana de resaca y desayuno por triplicado. Un lunes que se acerca y un sábado que se escurrió. Domingo de concluir.
Finalizar las esperas de los días hábiles y un sábado de asueto, ese que alguna vez fue el de la manifestación del deseo sin obligaciones, sin horarios ni contratiempos.
Domingo de arco iris. No es sol y no es lluvia, es ilusión óptica donde todo puede ser. Será lo que desee, será lo que quiera crear.
Concluye el lugar del paciente que aguarda un turno fugaz.
Comienza otro lunes de duelo y luego un martes de alivio.
La paz de ya no esperar nada resulta el mejor principio.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Al servicio de la histeria

Últimamente  estuve siendo medida en distintos ambientes con la vara del servicio. “No me sirve Lu alguien que…”… cuando ese alguien soy yo y ese que es mi ser y estar.
La conclusión que saqué es que inservible es el adjetivo que más feliz me hace. Eso me acerca más a la humanidad y me aleja del mundo de los objetos. La servidumbre, señoras y señores del siglo XXI, fue abolida en 1861. En la actualidad, la trata de personas es un delito en el país.
El no servir al otro resulta una virtud humana difícil de alcanzar. No sirvo, existo y soy en sociedad con los roles que elegí desempeñar en la vida haciendo exclusivo uso de mi derecho humano de libertad. Gracias por su juicio, métaselo en el lugar que más le sirva, porque a mi no me sirve en ningún lado.

martes, 16 de octubre de 2012

Homicida de 54

Ahí estaba, yo tan vulnerable, ella tan poderosa. Yo con unos pesos encima, ella con un arma blanca.
Intentaría remediar el daño que me había hecho yo misma. Estaba en sus manos, ya no podía escapar.
Quise negociar, las palabras pretendían ser exactas, mas el lenguaje es ambiguo.
 
Empezó tímidamente, nos observábamos por un espejo. El terror me invadía, pero la sonrisa intacta protagonizaba mi rostro. Tuve un dejavu, antes había sido un hombre, ahora era ella, con sus sandalias en una primavera prematura. Sus jeans con las botamangas asimétricamente dobladas, debí percatarme antes.
Sus lentes escondían esos ojos vengativos. Ella sabía lo que iba a hacer conmigo. Las palabras fueron pocas de ahi en más. Sólo un leve sonido cada tanto irrumpía en la monotonía de la música ambiente.
Cambió de arma, el viento caluroso sacudía mi cabeza. Alguien barrió las pruebas de su delito mal pago.
Luego unas cerdas en mi cuero cabelludo, la sonrisa desapareció. El pánico me invadió. El resultado era irreversible al menos en el corto plazo.


-Te plancho el flequillo?- me dijo.

- No, gracias. Por favor, sacá las manos de mi cabeza.-


En memoria de los 65 centímetros de cabellera que supe tener.

viernes, 10 de agosto de 2012

Día del niño

Volar. Tomar envión y lanzarse al aire libre. Sentir el golpe del viento en el rostro para respirar una bocanada de pura libertad.
Volver a la hamaca, la calesita y el tobogán. Encontrar las nubes en una escalinata de colores. Sentir el cosquilleo en la panza del cuerpo suspendido en tiempo y espacio.
Tomar la sortija y barajar de nuevo.

lunes, 16 de julio de 2012

Tarea para el hogar

Desmitificar los lugares, los olores, los gustos... Volver al lugar donde fui feliz, volver incluso al lugar donde fui infeliz para revivirlo y dejarlo ir. Recordar los pasos que recorrí desde ese entonces hasta hoy para romper con ese flashback en el que todo parece un mismo tiempo.
Construir a cada momento recuerdos nuevos. Desvincularme del pasado. Cargar de emociones nuevas aunque duela recrear las heridas. 
Andar esa calle una y mil veces, capturar esa imagen con una sonrisa, no permitirme perder el rumbo.

miércoles, 11 de julio de 2012

LOS MARES

Los mares, tan sabios. Arrasan y devuelven, a veces grandes perlas, otras, migajas de lo que solía ser un valor. A muchos distraídos algún mar les llevó sus zapatos. A casi todos nosotros nos ha borrado los pasos.
Se llevan pensamientos, lágrimas, deseos, promesas, atardeceres y amores eternos.
Los mares, tan intensos. De la calma a la tempestad en un instante. De la unión a la lejanía en un tramo.
Tan hermosos, tan refrescantes. Curan heridas de un dolor instantáneo.
Mis mares, tan ambivalentes. Los de la infancia que se llevaban mi castillo de arena. Los de la adolescencia que atestiguaban un amor de verano. Los de las huídas con amistades cómplices. 
El último, que recibió mis lágrimas. El que vendrá, que guarda una ilusión...

domingo, 13 de mayo de 2012

NewAge

Un día abrí los ojos y ya no tenía nada. El despojo había sido tal que mis títulos de propiedad no sólo estaban en otras manos, sino que esas manos se creían con derechos por sobre esos objetos. Objetos, sí, objetos a fin de cuentas. Objetos con simbolismo. Objetos cuyos destinos debían ser mi decisión. Objetos con historia. Objetos subjetivos.
Ahí me empeñé en esa ardua tarea de recuperación. Nada fue fácil, ninguna batalla resultó corta, tampoco todas victoriosas. Días de caídas y puestas en pie.

Todo está volviendo a su lugar, o al lugar que yo quiera asignarle. Algunas cosas a la basura, ya su ciclo cerró su razón. Otras en pies y manos de quienes los necesiten, no de quienes las arrebaten.
Ahora, lista para la paz, a recuperar lo intangible. A volver al mundo con los pasados concluidos. A abrirse a la novedad!

viernes, 30 de marzo de 2012

Utilitario


La costumbre del apego a los objetos opera en un modo on de tratar a las personas de acuerdo a su utilidad. Necesito zapatos para caminar, jeans para vestirme, un tenedor para comer y un boludo que me haga un favor. Ahí está el forro de turno para tapar el bache de mi necesidad del día. La parasitosis simbiótica del buenudo y el aprovechador es una combinatoria excelente para este posmodernismo. La ofensa de la imposibilidad de un favor se convierte en una falla de ese otro que pone un stop a la demanda de su amigo. No podés?, ahhh, vos sos un forro!! Noo! El forro sos vos que medís mi amistad por la facilidad que te ofrezco para vivir.

Las relaciones de consumo se basan en la necesidad material, los vínculos requieren necesidad afectiva. Y el mundo no está preparado para eso todavía. Incluso ocupándote del otro todo depende de sus tiempos y ganas. La urgencia cobra un valor relativo nuevamente a la necesidad.
El monólogo ambulante del ¿Cómo estás? reventó mi ira. Dardos de inconvenientes, individualidades, solicitudes… holaa, yo estoy acá también!! Sí, te escucho! Pero cuando terminás tu vómito, por favor quedate y fingí que aunque sea te importa mi insignificancia en este universo y sí, es mucho pedir, pero hacelo mirándome a los ojos, no frente a tu celular.
¿Cuántos sms recibiste en esta semana que contengan exclusivamente saludos? Pocos, ahí en el teléfono abundan reclamos, pedidos, solicitudes, quejas. Hoy no estoy de turno. Ayudé a un ciego a cruzar la calle y cumplí mi buena acción del día.