viernes 29 de mayo de 2009

Moraleja

El otro día leí una frase ... "Pocas amistades quedarían en este mundo si uno supiera lo que su amigo dice de él en ausencia suya, aun cuando sus palabras fueran sinceras y desapasionadas". Lo primero que pensé es qué infamia ese enunciado. Ayer, leí lo que un "amigo" dice de mi a mis espaldas ... lejos de tener pasión aquellos calificativos, lejos de ser una crítica a mi personalidad, significaban una superficial manera de denigrar mi aspecto, ahí justo donde mi autoestima escasea.

Mi decepción poco a poco pretende transformarse en moraleja, antes que devenir en rencor iracundo ..

La cuestión es que no deberíamos esperar de las personas más de lo que podrían estar dispuestas a ofrecer ..


"Si a uno le dan palos de ciego, la única respuesta eficaz es dar palos de vidente", Mario Benedetti

jueves 28 de mayo de 2009

Hace meses ..

Ultimamente he pensado demasiado en ella. Me pregunté acerca de este presente en sus ojos. En realidad como si mi sueño recurrente se volviera verdad, en sí, como si ella de repente regresara de un incierto que jamás entendí.Porque de otra manera no sería quien soy, ni estaría donde estoy. Pero acá, hoy, en frente, mano a mano en un momento ¿Qué sería? Será que desde su muerte no encontré el camino, el mío. En esa búsqueda de ella, de mi, construí lo que hago. No me parecería insólito que apareciera un día en el patio; ya lo he vivido en mis sueños; es más, lo deseo. No le preguntaría nada, ya aprendí a perfeccionar ese día. Disfrutaría sin cuestiones, no perdería el tiempo intentando entender. Eso también me lo dio su ausencia. Me cansé del dolor de extrañarla. Pero hago todo pensando en su juicio. Quiero más, siempre más, para demostrarle que puedo .. que puedo con todo excepto con mi corazón.




¿Y qué busco? ¿Una madre? No, está lleno de madres. Es ella, su olor, sus manías, su voz, sus sonrisas, sus miradas, sus palabras ... el amor inagotable que tenía para ofrecerme.Y viví extrañándola mientras ella vivió. Nunca fue del todo mía. Me la arrebataban. Mi padre, los médicos, mi hermano, su enfermedad .. es la historia de la imposibilidad del amor. Cuando al fin la tuve, me la arrebató la muerte. Y ahí caí en ese bosque del que ella me hablaba muchas noches cuando tenía miedo. Sola, vagando. Habría animales, dijo.. unos buenos, otros no tanto. Y tenía que cruzarlo sola, hasta el arroyo, al que llegaría cuando fuera el momento de probar mi valor. Debería cruzarlo, pero antes armar un bote, sola.. y remar.. sola.Con el tiempo entendí que nunca fue tal bosque, sino una jungla, ese arroyo era un océano.Debí construir un yate por poco, sola. Y ahí estoy, en medio de la nada, del todo de agua. Pensando en volver o seguir. Queriendo más teletransportarme a Mercurio donde ella está que seguir, así, imperfecta, desorientada en ocasiones, excéntrica, rara, diferente y fantasiosa.Acá estoy, sí, en esa disyuntiva de volver o seguir.Preguntándome si acaso la causalidad alguna vez fue tan inexacta como la casualidad quiere hacer creer.Las conspiraciones del tiempo me desvelan.A veces alucino que vivo infinitamente un mismo día atravesando todas y cada una de las millones de posibilidades de tomar otras decisiones a cada minuto. He pasado noches calculando la cantidad de probabilidades posibles, los minutos en los que pude haber tomado otro camino. Pensando qué hubiera sido de la vida de haber elegido otro camino. Qué me habré perdido??? Quisiera ser omnisciente.En tanto, la teoría de la relatividad me enseñó como pintarme las uñas más perfectamente. Resulta que cuantos más cuerpos intervienen en una acción, las fuerzas relativas de la supuesta "absoluta" conspiran para mantenerlo todo inexactamente perfecto. Uno cree que si apoya el dedo de la uña a embellecer sobre una superficie plana y luego con dos dedos pasa el pincel sobre esa uña, existen más posibilidades de lograr una perfección que de otra manera. ERROR. La superficie lisa tiene una fuerza dada por el espacio, la fuerza de todo cuerpo potenciada por sus propiedades de peso y masa, la mano a pintar la tiene también y entra en conflicto con esa superficie lisa, el pincel lo mismo y los dedos que sostienen ese pincel, también. Einstein lo explica con cuerpos y objetos más desarrollados. Imagínense la cadena de fuerzas relativas que chocan a cada momento cuando creemos que con más y más existen mejores resultados!! Ufff, si Marx lo hubiera entendido podría haber explicado más fisicamente la imperfección del sistema capitalista!¡Qué banalidad!, pensarán algunos. Qué metáfora más pertinente, refutaría a eso..

imagen: Led Zeppelin. "Stairway to heaven"

martes 26 de mayo de 2009

Vomitorragia social

El hartazgo por la invasión de las orejeras de caballo poseyó mi ser. Dicen por ahí que hay una crisis de valores. No coincido. Los valores, son valores, por tanto existen. Los valores morales que simulaban reinar en algún pasado siguen existiendo, sólo que a pocos le importa. Hay otros valores, en todo caso. Valores individuales. Esos que el discurso verbal jamás enuncia, pero el discurso físico afirma con cada contacto rutinario, principalmente en el espacio público.
Estos últimos días creo haber estado más sensible a las percepciones de este tipo. Sentí agotarme de la sociedad. No me considero ningún modelo de vida, ni Gandhi, ni la Madre Teresa, ni ningún moralista de blog. Me cuesta creer que las personas a mi alrededor no se detengan un momento a ver desde al lado pero distante y hacer mea culpa de la individualidad.
Hace una semana creí explotar al refugiarme en las paredes adentro de mi hogar. La calle parece una selva: sobrevive el más fuerte utilizando a su paso la energía física y psíquica de otras personas.
Siento que a todo el mundo le chupa un huevo el que tiene al lado si no lo conoce. La gente se maneja en su mundo burbujoso de manera asquerosa. Me dan ganas de gritar y maldecir a los cuatro vientos. Y ahí sí, soy la loca. Qué intolerante!!!!





Situación 1: Transporte público.
Debería empezar contextualizando acerca de la manera en que nos hemos acostumbrado a viajar en los colectivos locales, pero voy a detenerme solamente en las actitudes generosas (ironía para el que no entiende) de los pares compañeros de viajes.
15 personas agarradas del pasamanos. A mi lado, una mujer joven cargada con mochila, libros y abrigo. Se desocupa un asiento en frente suyo y cuando intenta sentarse un hombre grita desde atrás de ella avalanzándose en el asiento y golpeando en su desesperación a esta joven que pretendía aliviar su peso.
A la par de esta observación de las 8 de la mañana, una melodía posmoderna centroamericana sonaba de fondo a niveles alterantes. Lejos de ser un altoparlante, la música venía de la mano de un adolescente. Su celular emanaba una perturbación para el oído de quienes ya teniamos demasiado con los ruidos del motor, el timbre, las bocinas. Una mujer adulta a su lado, no tenía más cara de disconformidad para hacerle saber al muchacho que era muy molesta su manera de publicar sus gustos musicales. Me pregunté qué sucedería si todos en ese colectivo pusiéramos una canción que quisiéramos en ese momento. También recordé que para algo existen los auriculares.

Situación 2: Pasar primero, no importa por qué, pero primero.

Casa de Gobierno. Vallas que dejan un angosto pasillo para que el transeúnte camine en sentido descendente por calle 51. cual embudo, venimos caminando varias personas que hemos sido detenidos unos cuantos minutos por el tránsito abundante a esas horas y nos atascamos en el envallado. ¿Quién pasa primero? Ja! El que se apura, el que empuja, el que se cruza por delante de todos. ¿Cuál es el sentido? Si después ese primero sigue con sus auriculares caminado al ritmo de Led Zeppelín en Stairway to Heaven y es alcanzado por el resto? ¿Qué puta necesidad de golpear y apresurarse? Pasá querido, que en la próxima cuadra te vas a llevar puesta una baldosa y vas a perder el tiempo que ganaste; porque gracias al cielo aún la justicia eólica existe en reemplazo de la humana.

Situación 3: Estanque de auto en interjección 23 y 46

Caminaba con una amiga hacia mi casa. En una esquina, una mujer frena su auto para que pasen los que transitaban por la perpendicular y cuando arranca, no hace tres metros que se le detiene el auto. Enseguida, los impacientes de atrás empiezan con sus bocinas e insultos verbales a hacerse audibles. No había caso, no arrancaba. Pronto encontraron los atascados la manera de esquivar el bulto y seguir su camino. Nosotras queríamos ir a empujar, pero el tránsito tampoco nos dejaba cruzar. Veíamos a esas personas pasar por delante del problema despreocupadas por la cuestión de la mujer. Las pelotudas queríamos empujar su coche aunque tuviéramos las manos ocupadas con cuadernos y esas personas que se veían perjudicadas por el tema, sólo buscaron la forma de saltarlo, sin importar nada: ni la protagonista del problema ni las personas que venían atrás que también podrían haber sufrido alguna alteración. Ahí me imaginé esto de esquivar obstáculos sea lo que sea. La deshumanización, las orejeras nuevamente. Si fuera uno de ellos el que sufre ese inconveniente, ¿qué respuesta pretenderán de la sociedad?



Imagen: http://manuescrito.blogspot.com/

domingo 7 de diciembre de 2008

TrompeTia

viernes 21 de noviembre de 2008

Retroceder


Otra vez. Una y otra. Nuevamente. Repeticiones. Vivencias cíclicas. Sistematizaciones. Reproducciones. Dejavues. Metáforas. Meras palabras. Simples conjugaciones. Lágrimas. Ira. Tristeza. Recuerdos. Melancolía. Paciencia. Tiempo. Velocidad.

domingo 9 de noviembre de 2008

Emociones !

Las emociones cada tanto resultan irreprimibles, imposible de maquillar, extremistas y definitivamente inestables.
El caudal de recuerdos rebalsa a diario con mínimos estímulos sensitivos: una imagen, un sonido, una palabra, un aroma, un escalofrío o un sabor.De la sonrisa al llanto, del llanto a la ira, de la ira a la nada, de la nada a la euforia.
¿Cómo contenerlos? ¿Cómo compartirlos? Cuál es la forma de describir al otro los miles de estremecimientos que padece el cuerpo con cada sensación…
Quizás la pregunta más recurrente sea aquella que amalgama la biología orgánica con eso que se dice sentimiento. ¿Cómo es posible que una palabra o la contemplación de una escena culmine en la explosión del lagrimal, en la aceleración del miocardio, en el temblor de las extremidades, el movimiento de un músculo facial, un cosquilleo estomacal…
¿De qué se trata esto de las construcciones emocionales?
Será que se una especie de entrenamiento cerebral? Para cada instante un desenlace. Algo mecánico, una arista más de la inercia que mueve al ser humano. Y cada subjetividad las manifiesta originalmente.
Las intensidades y los extremos suelen debatirse a duelo eterno en un interior.
Para qué empeñarse en seguir agregando palabrerío barato a algo que fluye ajeno a su reflexión… como si lo modificara, lo frenara, lo suspendería en el tiempo, lo lograse describir con un mínimo grado de exactitud, explicar, aplacar…
Este domingo dio un giro en un segundo. Una melodía irrumpió en la rutina y desató un recuerdo que provocó una lágrima que remitió a otras anteriores que eran antecedidas por otro suceso que fue alegre y hoy su inmortalización en mi mente me llena de melancolías. Sensaciones que están congeladas: visibles pero imposibles de recrear… mañana será otro recuerdo… pensaré en este día cuando encuentre este papel y reviva esta escritura cerrando cada tanto los ojos esforzándome por hurgar en la memoria la cadena de hechos que lo engendraron para que mis manos lo plasmen inútilmente, o con el mero fin de certificar su existencia.

miércoles 17 de septiembre de 2008

Detrás de escena: laberinto

Llegó a la primera estación, a la última. Sentada en el típico banco de los que esperan, pensó de qué estaba huyendo.
A kilómetros de su rutina y de ese mundo que la hartaba, todo seguía igual.
Huía de sí.. imposible, cual un perro en busca de su cola... es ir y volver al mismo lugar.
Huía de su pasado, pero estaba en su memoria.
Huía de su personalidad, ella estaba encarnada.
Huía de sus pasiones, ellas se volcanizaban en su interior.
Ahora no era hija, hermana, amiga, alumna, empleada... era ella sola. Entendía que aún así no podría convivir consigo.
De cualquier maner no volvería.
Escribiría su vida, una nueva, a su antojo. Sin los matices que el contexto, la historia, la casualidad le habían pintado.
Maquiavélicamente, pensó su proyecto de vida de ahora en más...

jueves 11 de septiembre de 2008

Cuando lo hermoso duele

Pensaba que sólo con querer alcanzaba.
Anhelaba sentir y que sientan a la par.
El tiempo, el destino se encargaron de demostrarle una vez más que se equivocaba.
Sentía y la sentían. ¿Qué más se podía necesitar?
¿Sería esa una original manera de seguir en soledad?
¿Habría buscado ese desenlace?
Nunca imaginó cuanto podía doler escuchar y leer un "te quiero". Nunca hasta ese día, en que ella se empeñaba en terminarlo a pesar de sus sentimientos y él insistía con ser pacientes.
Desafiaron el decir popular, reprimieron impulsos y evitaron sorpresas. ¿Cuánto viviría una situación extraida de la realidad de la rutina cada quince días?
Antes de arriesgar a tener la certeza de aquella respuesta, prefirió ser otra vez ignorante y permanecer en su sitio, dar un paso al costado y volver a la antigua rutina.

domingo 27 de julio de 2008

A la distancia son risas

Un sábado típico. Noticias en la tele, ropa en el lavarropas, un largo y relajante baño y a estudiar al sol.
La gente pasaba por la plaza jocosa de la primavera. La lectura era interrumpida por el cielo que se presentaba tan contemplable.
Las horas corrieron hasta la aparición de la primera estrella, esa a la que ella siempre le pedía un deseo desde hacía ya varios años.
Volvió a casa y reconstruyó a su madre con fotos, sonidos de palabras grabadas y el recuerdo de su ser en movimiento. Inevitables las lágrimas de melancolía que pronto se mezclaron con las gotas de la ducha que terminaron de empapar su rostro.
Se paseó durante horas por el pasillo usando diversos atuendos: nada le gustaba para salir al mundo esa noche. Concluyó, como siempre que eso sucedía, vistiendo lo más insulso y clásico que encontró.
Esperó a sus amigas con maní y cervezas. Las lágrimas ya eran de risa. Transcurría el tiempo y al cambiar el día envió un saludo de cumpleaños a quien era por ese entonces el dueño de sus sentimientos.
Caminaron las dos cuadras que las separaban del bar y ella por horas no hizo más que esperar la respuesta de aquel que jamás contestó.
Más vasos que se vaciaban en minutos. En algún momento una mano molestó su hombro apartándola de la vorágine de ansiedad que la conectaba con su teléfono celular. Echó una mirada iracunda y luego una maldición susurrada. El extraño no volvió a molestar.
Durante algunas horas las voces, las trompetas, las percusiones y el movimiento humano le fueron ajenos. Un solo comentario y la espera en vano la volvieron en sí. Alzó la vista: alguien cantaba alegremente mientras bailaba de la misma manera en que ella lo hacía habitualmente a criterio de sus amigas.
Arrojó al olvido lo que esperaba y se dejó llevar por aquella música que sonaba en vivo.
Cinco miradas cruzaron, tres ella supo esquivar. Más tarde un fugaz saludo y de nuevo a la calle.
A dos cuadras de caminata una señal virtual le trajo el contacto de quien ella había calificado su “alma gemela”. Pese a la categorización, pronto todo fue un chistoso recuerdo.
Terminó ese fin de semana y el primer día hábil de aquel octubre comenzó el desperdicio de palabras escritas que viajaban por una red virtual, algunas de las cuales parecían perderse en el dinamismo del diálogo.
Indagaron en sus vidas por horas e inmediatamente ese lunes se repitió día a día con más intensidad. Parecían buscarse mutuamente. Parecían.
Cartas natales, delirios existencialistas, verborragias divertidas, verbotragias contenidas, comunicaciones en demasía, construcciones de signos mentales y charlas de frases cancioneras. Sus rutinas se compartían en esos relatos.
La virtualidad parecía perfección, lo era en tanto virtualidad. Lo imperfecto fue la realidad que golpeó una tarde, una noche y una mañana en continuo tiempo real.
Y ahí comenzaron las contradicciones, las luchas internas, las dicotomías amor/odio, realidad/virtualidad, risa/llanto.
Pero ya era inevitable el sentimiento. Ahora lo reconstruía a él con fotos, imágenes, recuerdos y un rectángulo celeste que de vez en cuando le trae sus palabras. ¿Y ahora? Ahora se ha dispuesto a olvidar.



Había regresado ese cosquilleo, las ganas de ver su figura acercarse, la impaciencia por alguna señal y el enmudecimiento repentino.
También las dudas y las reflexiones generales acerca del determinar cómo darse cuenta de que los sentimientos fueran reales.
Pasaron las dudas, la seguridad afectiva tomó las riendas y una vez más el destino de soledad fue el fin.
¿Qué podía esperar? ¿Que la dejara a ella después de ese tiempo?
Volvió a caer en la inconciencia pensando que el príncipe azul existía.
Sus ilusiones caen por su cuerpo otra vez.
¿No será repentino el diagnóstico? Podría pensar que existen otras opciones más que el rechazo, pero en todas las situaciones la intuición jamás ha fallado. Creyó haberlo visto en sus ojos, en su actitud. Algo cambió.
Más tarde…
Claro, como siempre. Su lugar preferido. El que elije muy a pesar de sus deseos concientes: el último. Allá, después de todos los problemas, de todas las personas, de todas las actividades. La del lugar que sobra. La del tiempo libre. La de después de las obligaciones, de las pasiones, los gustos y sinsabores de la vida cotidiana. La que está ahí, diferente a la rutina, la no convencional que llama la atención. Pero libreme el cielo de elegirla para algo importante.
La que da los pasos iniciales para la reconciliación, la que se cuelga analizando el posible malestar del otro aunque aunque en la superficie la crean indiferente.
La que siempre sin saberlo elige la soledad.
Más más tarde..
Resultaba tan claro a esta altura. Todo era un desafío… como siempre ocurría. Conquistar aquello que se creía inalcanzable para luego entender que la rutina era lo mejor que podía pasar. Que después de todo, aquello con lo que se había encaprichado no era tal preciado tesoro como lo había creído cuando lo imaginaba imposible.
Lo que comenzó como un juego ya llevaba meses. Él en dos palabras lo convirtió en un vínculo real.
Cuando se anhela la luna es por saberla ingobernable en la tierra. Cuando desciende un momento, el ambicioso lo palpa de cerca y deduce que en realidad no era lo que deseaba. Y la luna permanece aquí abajo un tiempo, errante, preguntándose por su condición de objeto de deseo rechazado.
Y ahí quedó ella también, con sus sentimientos a flor de piel. Paralizada ante el silencio y el desencadenamiento de los hechos anunciado antes por las circunstancias.
Ahí estaba: impaciente, iracunda, masticando sus propios labios.
Después de tanto tiempo sin apostar a fuerza de impulsos, volverá la coraza casi seguramente. Cierra los ojos y ve en el pasado esta imagen de lo que veía a futuro.
Fumando e ingiriendo hidratos de carbono, ve repetirse la historia de hace unos años y la de unos meses antes de esos años y así retrospectivamente hasta su nacimiento.

viernes 11 de julio de 2008

De Manu, para Simona ! gracias







lunes 30 de junio de 2008

MAÑANA

ES NECESARIO PARAR UN INSTANTE. ESTANCARLO TODO, MIRAR COMO DESDE AFUERA. FRENAR EL MUNDO Y DESPRENDERSE DEL CUERPO PARA VER CÓMO SE DESARROLLAN LAS COSAS.

Ayer caí en la cuenta de que mañana se cumplen cuatro años de un hecho que lejos de modificar mi vida, sólo es un recuerdo. Pero me sirve de parámetro. Desde ese momento nada cambió tanto como mis proyectos mentales alucinaban. No hay un título en la pared de los logros familiares. No hay llamdos al "gordo", ni de él hacia mi. No conseguí aún aquél viaje añorado. No publiqué ese libro que intenté mandar a editar hace años. No bajé los kilos que me propuse muchas veces. No pude conservar la estridencia en mi pelo. No dejé de ser un impulso caminante, pese que me lo propuse. No dejé de reirme cuando los nervios me invaden. Nada, siento que nada. Hoy paré, miré atrás y volví. Los contextos cambiaron, pero esos deseos que parecían tan fáciles de cumplir con tan sólo voluntad han quedado postergados. Mañana, siempre va a ser mañana. Mañana nunca llega decían por ahí. Yo pensaba: mañana es el hoy de ayer.
No hay mucha literatura en este posteo. Por primera vez me dirijo así, como si se lo estuviera contando a una amiga. Como tantas reflexiones existenciales que comparto con esas personas que son testigo de mi vida. No me importa, mañana podré borrarlo.. o no.

viernes 27 de junio de 2008

Relojes que volverán atrás

Pensaba qué cambiaría de existir la posibilidad de volver atrás el tiempo. Hace un par de horas no hubiese dicho las palabras que pronuncié de haber sabido sus consecuencias. Ayer me hubiese abrigado más para hoy no padecer el áspero en mi garganta. Antesdeayer me hubiese arreglado de saber que lo encontraría casualmente en la calle. La semana pasada habría de ser más cuidadosa para no perderme en el medio de la nada al caer la noche. El mes anterior no hubiera bailado de esa manera evitando hacer –una vez- más el ridículo.
El año pasado hubiese evitado ir a ese bar para no conocerte.
Casi un lustro atrás debiera haber abrazado más y más a cada persona, debiera haber sido más demostrativa para no sentir hoy este cariño intransferible que rebalsa por mis ojos.
A veces me pregunto si soy producto de un contexto. Será que no elijo cada uno de mis pasos. ¿Será que si el tiempo se volviera de cualquier manera me las ingeniaría para ser esto que soy muy a pesar de mi ideal del yo?

¿Hubiese escrito hace meses sin escapatoria lo que plasmé aquel día de marzo?


Ya no puedo seguir atada a cada situación que se vuelve pasado.
Aunque algunos recuerdos definitivamente marcaron cada uno de mis gestos y determinaron mi personalidad, deben quedar atrás.
Hoy pienso quién soy y no lo sé. Pienso qué quiero ser y se que es no ser la que soy ahora.
Quiero sentir… y el dolor no me deja más que recrearlo.
Creí estar bien y de repente me hundí en mi mísma conciente de la desesperación de mi ser por autenticarse.
Intenté darme a conocer tal cual soy y no pude soportar que las personas lleguen a quererme.
¿Qué hago ahora con todo lo que sembró mi apertura a la vida?
No puedo ser feliz sin que ella sea testigo de mi vida…
Siento su ausencia día a día de la misma forma que cuando se fue. Esa melancolía no me deja seguir. Cada intento de alegría es recordar que ella no está.

viernes 30 de mayo de 2008

Vidrio

Hoy todo me afectó el doble. La sensibilidad brotaba por los poros. Gracias al cielo, el frío era la excusa perfecta de las lágrimas del vidrio de mis ojos.

Mi archivo de recuerdos estaba en mi conciente sin permeables.

Las caras me traían otras caras que me traían momentos que me traían sensaciones que me traían situaciones que me remitían a lugares que me hacían percibir olores que me producían sentimientos que me hacían seguir llorando.





El otoño está en todos sus aspectos. El increíble cuadro de sus efectos contrasta con los interiores que a menudo reflexionan concluyendo en el vacío y el incierto.
Queda la esperanza de que la constante primavera en la que suelo vivir vuelva a configurar mi mente para sonreir como ayer.

viernes 16 de mayo de 2008

Trompetalandia*

Alguien la llamó "trompeta". Arbitrariamente, se le asignó un aspecto formal en el sistema de signos que conforma nuestro lenguaje. Tiene un diseño y un mecanismo. En contacto con la vibración de un cuerpo blando y el tránsito de determinada presión de aire emite un sonido variable: estridente, pianístico, grave, agudo, dulce.


Protagonista en protocolares ceremonias reales, acompañante en orquestas, participantes de alegres cumbias y tradicionales jazz.


Como todo, está en constante resignificación:
Con ella algunos alegran oídos, otros los rompen. Entristecen corazones. Descargan iras. Alimentan egos. Demuestran talentos. Reafirman ineptitudes. Los narcisos se contemplan en su campana metálica. Los amantes de la decoración las cuelgan en sus paredes, las encierran en vitrinas. Los coleccionistas las inscriben en catálogos con especificaciones. Los fabricantes ganan dinero. Los plumeros las limpian. Los labios las besan. El frío las enfría.


Muchos músicos las aman. Los fotógrafos la registran con las lentes de sus cámaras. Los dibujantes las reproducen. Los escritores la describen y crean un mundo hermoso en su entorno.


Otros hijos de vecino intentamos sacarle sonido, brillo y fotografías. Describirlas, vernos en el metal que la compone, iracundizarnos a través de ella. Traducir partituras con su mecánica y nuestra habilidad gestual... construirnos a partir de su existencia.



*Gracias Agustín por sugerir un posteo de estas características, espero te guste. Saludos y disfrutá tu viaje.



jueves 15 de mayo de 2008

Melancolización

Hay días de melancolía. En el vano intento por desterrarla decidí hundirme en ella, acompañarla con los recuerdos y sus certificados. Hurgué en los cajones, descubrí las cajas de mis tesoros: había fotos, una selección de aquellas que jamás me canso de ver. Reconstruí esas vivencias. Lo hice con escenas que estaban en mi mente desde que ocurrieron y evocando los relatos de quienes me dieron identidad, memoria. Reprimí una lágrima mirando al costado. Llegué al fondo de la caja. Papeles escritos de puño y letra describieron es su traducción momentos hermosos; también otros tristes.













Cuatro de ellos fueron repasados varias veces por mis ojos, uno es una carta de una AMIGA que data de dos años atrás:

“Lu: hoy me puse sentimental. Sería interminable contarte todo lo que estuve recordando y como adivinarás las lágrimas salieron solas, como ahogadas, explosivas, siempre latentes, pujando por estallar. Esta tarde fui un mar de lágrimas. Porque ya pasaron dos años y medio que no las veo todos los días, que no las escucho todos los días, que no las tengo todos los días. El tiempo pasa y las ausencias duelen. No pude dejar de pensar en quiénes éramos y quiénes somos hoy en día. No me permití ni reprimir, aunque sea, los recuerdos dolorosos porque en esos ustedes estaban ahí y ellos brotaban solos sin que pueda hacer nada para contenerlos. Porque hoy me faltan sus abrazos, sus sonrisas, sus ironías, sus silencios… y los extraño, los recuerdo. Es cierto que aquellos buenos momentos (que existieron y verdaderamente no recordaba la gran cantidad que fueron; quizás abrumada por los malos) no tardaron en protagonizar esta tarde que tuve. ¿Te acordás de las mañanas en la glorieta de Plaza San Martín? ¿O de las tardes en Plaza Malvinas? Esos fueron los grandes momentos que me dio la vida, los momentos donde tres personas, tan parecidas y tan diferentes, parecían poseerlo todo, ser completamente felices por un par de horas. Miro hacia atrás y me doy cuenta que allí, con ustedes, fui feliz. No puedo contener el llanto. En otros momentos la vida nos dio la espalda, en tantas ocasiones creímos que todo se derrumbaba y la utopía de la felicidad parecía inmerecida, inalcanzable, desconocida. Ahí estaban ustedes dos, los dos pilares que mantuvieron mi arquitectura; sus llantos que eran los míos, mi dolor que se fundía con el suyo, mi desconcierto que hallaba alivio en sus miradas. El dolor azotaba y lo hacía sin piedad, pero ahí estaban ustedes para contener la sangre que brotaba de esas heridas que nunca cierran, que remiten pero siempre residirán; esas heridas que me enseñaron a curar.
Te imaginarás todo lo que lloré hoy. Justamente estaba escuchando a Sabina, una canción que siempre que la escucho se me aparecen ustedes dos:

`lágrimas de plástico azul, con sabor a despedida
cuándo pasará el autobús por mi callejón sin salida?
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas
a hacer noche en el cristal`

Cada verso me hace acordar a un momento diferente, seguramente ustedes también puedan recordar lo mismo que yo.No quisiera terminar esto llorando pero como veo que no voy a poder impedirlo, no me contengo. Me gustaría redondear una idea, poder parafrasear un rato; pero las palabras se me resbalan en esta vorágine de sentimientos ¿escucharon “Love of my life” de Queen? Cuando la escuché por primera vez traté de imaginar cuánto habría amado F. Mercury a esa pareja y me pregunté si existía un amor así, todavía me lo pregunto.Hoy tengo una certeza, ustedes dos son el amor de mi vida. Saben que siempre detesté las cursilerías y esta definitivamente, no es una. Son el amor de mi vida, son una parte de mi, tan mías como mis dolores y estas lágrimas, están muy dentro mío. Porque son una de las cosas más importantes que me dio la vida, porque el día que no esté voy a seguir viviendo en ustedes dos, que son yo misma; porque son mis hermanas, porque son lo que aspiro a ser, porque las admiro, porque son mis amigas del alma, porque si es cierto que tenemos algo que se llama alma, entonces mi alma son ustedes dos.
El llanto me quiebra, ya no puedo escribir, me hubiese encantado decir mil cosas más, cosas que quizás hubiesen esperado que dijera, perolas palabras parecen no estar a la altura de las circunstancias. Se tornaron obsoletas. Sólo gracias, solamente gracias por haberme dado la oportunidad de quererlas así”.

Adhiero a cada palabra. Esta catarsis me va haciendo consciente de mi actual felicidad. El resto de la correspondencia pensaba transcribirla, pero ya no le encuentro el sentido. Quizás en otra oportunidad. Por el momento volverá todo a esa caja que guardo con recelo y cada tanto descubro como si fuera la primera vez.

sábado 26 de abril de 2008

Distorsión


Proyecto. Parte 3: El viaje




Justo su asiento era el que abre el camino. Ese adelante de todo, arriba, frente al parabrisas.


Recorrió su ciudad viéndola sin nostalgia, pero con destellos de historias en muchas de sus calles. Nunca pensó que su memoria hubiera almacenado al detalle cada situación. Rio cómplice de sus recuerdos y miró al costado. Pensaba en lo que haría en San Juan.


Sabía leer y escribir, manejar computadoras, vender trofeos y televisión satelital, preparar tragos en la barra de los bares, dar en alquiler departamentos, hacer contratos de locación y ser simpática al teléfono. Esa era toda su experiencia laboral en sus poco más dos décadas de vida.


Su condición de mujer, la habilitaban para trabajos domésticos. Los años facultativos le otorgaban aptitud para dar sentido y crítica a algún escrito.

Esas cosas de la vida le habían dado conocimientos no certificados de enfermería.

Algo encontraría en el Valle de la Luna para subsistir.

En su hábitat rutinario era estudiante, RRPP de una banda de Pop/Rock, empleada pública y loca. Pero ya no quería tales etiquetas, no en el nuevo destino.

Aún no pensaba en el regreso. Preferible no imaginarlo.

Por fin llegaron las rutas llenas de vegetación y fauna. Faltaban 14 horas de viaje: muchos sueños y pensamientos.

jueves 24 de abril de 2008

Araucaria Araucana



Es infrecuente ver una araucaria que naturalmente haya elegido estar sola. A menudo, estos ejemplares crecen en parejas.

La hembra suele ser más vistosa, su longitud se amplía muy lentamente.

Esta especie autóctona del sur argentino y chileno es quizás una de las únicas que se reproducen sin ayuda externa. Al vivir en dúos, su proximidad afectiva con la colaboración del viento multiplica su existencia.

Las semillas que desprenden son el alimento de muchos nativos de la zona en la que habitan.

Son árboles fuertes, despilfarrantes de presencia.

Una linda historia de amor y vida que verdaderamente me remite a la fidelidad de los pinüinos: animales -casualmente- de nuestras costas sureñas.

Calendario floral



Ahí están: en la eterna lucha entre la rutina y el contexto.

Un otoño que está en el calendario pero no en la realidad.

La temperatura no disminuye, sin embargo el reloj biológico les dice que deben caer, secarse hasta primavera cuando vendrán sus hijas, sobrinas y hermanas.

¿Qué harán frente a tal situación?

Seguir la costumbre? Luchar para romper las estructuras?

Algunas se dejan vencer, es claro.

Otras resisten aprovechando el imprevisto cambio climático ofreciendo su belleza a la ciudad que es indiferente a sus esfuerzos.

Ahí están: las que se apegan a las fechas para morir de un lado, y las que, desconcertadas, se lanzan a vivir más de lo que su destino les marcaba a su opuesto.

Pronto llegará el frío... todo será un recuerdo.

sábado 19 de abril de 2008

Sin esencia



Ocho meses atrás aborrecía las fechas futbolísticas, las salas de cine y las flores cortadas.



Ese domingo cayó en la cuenta de que esas abstenciones eran su realidad con él: partidos por la tarde, romanticismo en el cine y un vendeflores callejero entregándole su delito a cambio de dos pesos.

miércoles 16 de abril de 2008

Sobre duelos y lágrimas ya secas




Viendo cada día tu mirada congelada, siento que es aquella, la única capaz de iluminar la inmensa oscuridad que invade cada milímetro de mi absurda existencia.
Parece imposible concebir la vida sin tu presencia... pero resulta que siempre a lo que uno más se amura, es lo primero que desaparece antes de poder ser consciente de su importancia. Aquello a lo que nos aferramos es tan efímero cual el trascurso del agua.
Es más el tiempo que pasamos sufriendo por la ausencia e intentando superarlo, que el tiempo real que duró aquella vinculación.
Pérdidas, lágrimas y recuerdos son el cóctel obligatorio que determina saber que uno vive.
Pasan los años intentando alcanzar aquélla felicidad de la que muchos hablan, y olvidando disfrutar los pequeños momentos que verdaderamente significan alegría temporaria... una pasantía para romper la horrible rutina cíclica que se apodera de las vidas ajenas.
Y uno proyecta y construye "eternos" castillos y murallas para protegerse de lo externo, pero no recuerda que hay un ente que se apodera de los momentos de otros sin preguntar si puede, que es tan ineludible como respirar, que rompe barreras y lazos tan fuertes como aquel que tuve algún día.
Irrumpe en la cotidianeidad desequilibrada destruyendo destellos de esperanza, quebrando fugazmente los hilos que conectan el alma con el cuerpo, llevándose lo vital para la existencia de un ser diminuto sin grandes aspiraciones, mas que disfrutar un poco más de tiempo a aquella persona que le ha dado la vida algún día.
Y deja tempestades, agonía e inestabilidades mentales. Y juega, porque a quienes deja les jura y perjura volver cuando menos lo quieran. Mientras éstos, lo que más anhelan es ir ahora con ella, en este momento de nada y desesperación y junto con quien se ha llevado. Pero ella calcula y se nutre del dolor ajeno; ese que se siente cuando el sentido no existe, cuando no entra en la razón que el tiempo no vuelve atrás, que jamás en los años que sigan volverá ese cuerpo a estar delante de los ojos, ahora empapados.

martes 15 de abril de 2008

Meses después, terminé por alucinar


La tristeza generalizada melancoliza cada recuerdo.
Qué pena esta distancia. Qué pena saber que las limitaciones no generan alternativas para mantener una conexión que simulaba buena.
Es claro ahora: yo estaba ahí, vos también... a un clic de distancia. No representaba esfuerzo alguno, así como la relación que respiré.
Estar o no estar después lo mismo daba. Se mantenía mientras era fácil y gratis. Nada de esfuerzos por continuarlo, qué lástima.
Pero ahora encuadra todo, es triste, pero es así.
Lo peor es que extraño todo. Aunque ni recordaste aquello que apostaba recordarías. Y todavía quiero leerte. Pero no! La casualidad -así como vos- evidentemente no lo desean.
Qué engaño me hice. En qué irrealidad invertí mi tiempo.
Y todavía te escribo .. y hasta alucino que te lo publicaría.


Febrero 2008

sábado 12 de abril de 2008

Proyecto (2da parte)


Siempre el cálculo del tiempo había sido su obsesión. Ahora tenía dos horas de espera. Qué haría en esa terminal para soportar el improductivo correr de los minutos sin que los pensamientos la hicieran desistir de su viaje?


Abrió el bolso y sacó el atado de cigarrillos empezado y una bolsa de caramelos.
Analizaba que cada cigarrillo tardaba en consumirse alrededor de cuatro minutos y medio. Si jugaba con algún caramelo en su boca estaría perdiendo un minuto con cada uno…


Contaba cuantos cigarrillos y caramelos gastaría hasta la hora de partida cuando alguien se sentó a su lado. Su respuesta a tal cambio contextual fue de aparente indiferencia. Pero parte de su plan se había modificado, no pensaba fumar al lado de otra persona a la que podría molestar.
Escuchó que su vecino murmuraba algo; en ese momento percibió que era mujer.
Martina la miró y le dijo que repita la pregunta porque no había podido oírla.

La mujer, de cómo unos cuarenta años, le ofreció adivinar su destino por medio del tarot a cambio de algunos pesos.
Pensó un poco en todo el tiempo que tenía libre, en su interés por las ciencias ocultas y en ese momento de su vida en el que no sabía bien qué hacer y asintió como quien responde a la pregunta más burda.

Fueron al café de la terminal y la mujer –que se llamaba Elena- sacó una caja con un montón de láminas que indicó a Martina mezclar contra las agujas del reloj.
Una vez dispersas en la mesa, Elena ordenó juntarlas, cortar en tres montones y elegir uno.
Martina escogió el del medio.

La adivinadora empezó a echarlas boca abajo formando figuras geométricas y develando al terminar, cada una de ellas que exponía formas egipcias.

Al estar todas dadas vuelta, Elena miró a Martina y le preguntó cuánto hacía que estaba en pareja. Martina río irónicamente y le dijo que no mantenía relación estable ni inestable con nadie. Elena achicó los ojos y siguió leyendo. Pensó tocando las láminas como si le trasportaran algún tipo de presagio o energía y dijo:

- Lo más importante en tu vida es el amor, sin él no sos capaz de vivir.
La joven la miró dudosa. – A qué amor se refiere?
- A todo el caudal de sentimientos que estás guardando y te encantaría destinar a una sola persona.
- Creo más en el amor en general, en el que se da a la vida en sí, a las personas que no conocemos, a los amigos, a la familia y animales. No se como explicárselo… dudo que todo eso pretenda dárselo a un solo hombre.
- Sí! Así lo dice claramente el tarot. Nada te importa más que eso. Tu carrera está ahí porque sí, estudiás por costumbre. Tu empleo te da el sustento. Nada te sacaría de esta crisis que atravesás más que lo que te dije.
- Okei, siga con otra cosa mejor.- ya para esta altura Martina estaba descreída de su tarotista. Pensaba en todos sus proyectos profesionales, en sus múltiples pasiones y en lo ilógico de que nada de eso saliera en esas cartas.
- Cuánto hace que terminaste tu noviazgo más fuerte?
- Nunca! Nunca tuve una relación importante!
- Entonces tiene que ser lo que vas a pasar, viene algo importante para vos. Quizás el mejor y más fuerte sentimiento.
Martina se mantuvo en silencio, ya no le creía nada. Lo que más le dolía eran los treinta pesos que tuvo que pagarle por adelantado a esa chanta.
La bruja le indicó que barajase nuevamente.
- Querida vos vivís con tu madre verdad?
Martina quedó dura. – NO!! Vivo con mi papá, su esposa y mi hermana.
Elena no dijo más y miró las cartas preocupada.
- Tenés un corte hecho. Alguien te trabó para siempre en tus relaciones. Seguramente te veas horrible, como que pasás desapercibida por el mundo y la vida de la gente. No entiendo como nunca pudiste estar enamorada y ser correspondida, seguro..
- Nada de lo que dice tiene sentido!! Para qué quisieran hacerme mal? Por qué estaría obligada a tener alguien al lado?
- La gente es mala. Tomá nota: dos habanos de chocolate, tres velas blancas y tres rojas, cuatro metros de cinta bebé rosa y cuatro amarilla. Cuanto lo tengas y estés preparada llamame y hacemos una limpieza. Vas a ver cómo vas a volver a ser la de antes.
- Si.. gracias- Martina guardó la tarjeta de Elena en el bolsillo y se fue maldiciéndola. Por lo menos había perdido media hora… y treinta pesos.
Volvió al banco del andén y pensó una y otra vez en todo lo que le había dicho. Al final no le predijo nada, no habló de su huida, ni de sus proyectos. Se empeñó en las relaciones que no le quitaban en absoluto el sueño a Martina, que anhelaba viajar y ser libre.

- Claro-se dijo Martina- nos ven la cara. Pendeja que consulta tarot tiene problemas sentimentales. Que bruja de mierda y yo que boluda-. Enseguida tiró la tarjeta de Elena en un tacho.

Tenía más de veinte años. Era casi profesional. Creía en el horóscopo y en el amor a primera vista. Amaba las flores y la música. Odiaba el egoísmo.
En la hora que le quedaba hasta subir al colectivo limpió su billetera. Tiró todas las tarjetas que guardaba sin razón más que la de recordar. Mientras se despojaba de todo papel que no fuese dinero percibió que había olvidado toda su documentación. La primer reacción fue autodefenestrarse. Después de analizarlo, era una buena oportunidad la de no ser nadie; o ser quien ella quisiera y no quien dice un documento.

Sonrío suspirando mientras sacaba el celular del bolso. Estaba apagado. Al prenderlo borró cada mensaje guardado y cada número agendado en él. Viéndolo tan insignificante al carecer de contenido sentimental por todos los recuerdos de palabras dichas que allí residían, lo desarmó y le dio el mismo destino que a la tarjeta de Elena. Ya empezaba a sentirse libre.
Llegaba la hora. Fue en busca de gaseosa y más caramelos para el viaje.
Llegó el colectivo. Subió, esta vez sin mirar atrás.

sábado 5 de abril de 2008

Efímera realidad soñada


"... aprender el hechizo ideal que junte los sueños con la realidad"*

Flora despertó un día con la idea de ver el mar.
Ella cargaba con 26 años de edad, y desde hacía 37 meses, había cesado de desear su propia muerte.
Era una reciente antropóloga, y se desempeñaba como propulsora de interesantes proyectos de investigación. Además, pese a su título, conservaba orgullosa el trabajo que le había dado la posibilidad de sustentarse durante su paso por la universidad.


Mantenía una relación consolidada y estable con un hombre maravilloso, quien encarnaba el modelo que siempre soñó durante su adolescencia.


Gozaba de una excelente salud y una fresca apariencia.
Estaba rodeada de personas que la apreciaban y a las que ella respondía con lealtad y afecto.
En la superficie, su vida parecía una perfecta estructura. Flora era conciente de que sus logros, tanto profesionales como personales, eran, en algún punto, parte de un sueño que -con grandes esfuerzos- se había convertido en la realidad de sus días.


Reía cotidianamente y su humor siempre era óptimo.
Pero entre toda esa belleza existía algo que le pesaba en demasía cada despertar: su pasado.
La niñez desequilibrada marcó hondamente su psiquis perturbando el camino hacia la pubertad. Hija de una matrimonio quebrado, con padre conservador al extremo y madre afectada con una insuficiencia renal crónica terminal.
Ya en la adolescencia biológica, la adultez mental irrumpió en las mariposas que jamás lograron revolotear en su estómago.
Desde siempre estuvo aferrada a Ana, la mujer que le dio la vida y con quien luchó codo a codo contra muchas adversidades: la pobreza, la hipocresía, el rechazo social, los engaños y la enfermedad.
Para su desconsuelo, un día quedó enfrentándose en completa soledad ante unas ruinas que se le venían encima escondiendo, detrás, a su enemigo más fuerte e incontrarrestable: la muerte.


El día en que Flora atravesó el fin de la vida de Ana, tenía 18 años. Desde ese momento, sintió endurecerse todo lo tierno que la caracterizó hasta entonces.
Vivó durante más de media década escondida bajo su dolor, recibiendo mes a mes, sólo golpes bajos que la despojaban de su identidad.
Tuvo conocimiento de que su padre de crianza no era su progenitor, de que lo que quedaba de su familia sanguínea era una red quebradiza donde no había lazos fuertemente amarrados. Se topó con la serie más cruel de hombres que despedazaron su corazón y las inocentes de ilusiones que fabricaba.


Por mucho tiempo todo fue un calvario que, poco a poco revirtió, construyendo así, su personalidad y sus propios proyectos, llegando a su apogeo a los 26 años.
Las inmensas ideas de suicidio desaparecieron por completo, pero los destellos de recuerdos y melancolía hacían rodar grandes lágrimas en la soledad de algunas noches frente a la fotografía de Ana.


Un fresco día de agosto, después de una placentera jornada de trabajo y vida social, Flora se rindió exhausta en la cama repasando mentalmente una de sus novelas. No llegó al final, cuando se durmió profundamente.

El mundo onírico se apoderó de ella, ofreciéndole toda una fecha con su madre, hablando, riendo, fumando y compartiendo mates.
A la mañana siguiente, despertó con la cara empapada en lágrimas y vestigios de una añorada alegría por aquello que había creído real.


Al situarse nuevamente en tiempo y espacio, decidió emprender un pequeño viaje.
Preparó una modesta maleta, tomó las llaves del auto, apagó el teléfono celular y condujo hasta la costa atlántica.


Una vez allí, paró en el centro y se alojó, sin saber hasta cuándo, en una habitación de hotel.
Enseguida, se dirigió a la playa y se sentó en la orilla del mar. La arena humedecía su jean y, por lo tanto, su piel. El viento y algunas gotas saladas pegaban en su cara y revolvían su pelo cual un remolino.
Permaneció casi una hora en la misma posición contemplando el inmenso mar desierto, ruidoso y un tanto hediondo.


Nada pasaba por su cabeza más que la imagen que sus ojos percibían recreándose en su mente infinitamente.
Sin ser advertido por Flora, algo comenzó a asomarse por entre las olas desde lo apenas divisable del fondo, hacia la orilla. Ella no reaccionó, o no lo vio, o no lo importó y continuó con la vista perdida pero enfocada en la línea que separaba el cielo del agua.


La cosa seguía revelándose y acercándose a ella. Cuando la tuvo a dos metros, se percató del amorfo aparentemente viviente, cuyo destino final parecía ser toparse con la única persona existente en el lugar.

Cuando retomó la noción del transcurso de la realidad, se vio frente a una figura extravagante, cuya apariencia le recordó a la de un árbol. Se movía como en el aire, puesto que carecía de extremidades, y al trasportarse no emitía sonidos ni alteraciones en la superficie arenosa.
Era un ser inédito, con multitexturas, sin ojos, ni boca, ni olor, ni posible comparación o asociación con algo real o antes visto.


Ya frente a frente, Flora percibió una voz proveniente de una fuente desconocida racionalmente; pero para ella era más que evidente que salía de la cosa que tenía a su lado.
Al principio, le costó interpretar el mensaje que, telepáticamente, recibía. Luego de varios enunciados, la comunicación comenzó a funcionar de manera circular.


El amorfo le decía que se llamaba Zaro, y que si ella aceptaba, era capaz de concederle sus deseos; aquellos más fuertes, profundos y por los que más había rogado.
Flora, eufórica, le comentaba que ese comunicado le había remitido a una frase recurrente en un libro que una vez había leído durante su transcurso por la escuela secundaria, que aseguraba que "cuando uno realmente desea algo, todo el universo conspira para hacerlo realidad". De esta forma, se dijo a sí misma -y por lo tanto al amorfo- que eso sí era verdad y que había llegado su momento de que todo conspire a su favor.
Desesperadamente, sonreía todo su ser y su cuerpo.


Al finalizar el momento de sorpresa, analizó un segundo y, mirando fijamente a Zaro, pensó que no había deseos ya, porque ella era una mujer realizada con su edad y su vida.
Zaro, desconforme y omnisciente, respondió que tanto él como ella eran conscientes de que sí existía su más profundo deseo y que era imposible de concretar empíricamente en la vida humana.


Le explicaba que todos tienen sus deseos más fervientes, y justamente ella no era la excepción.
Ella, firme en su postura anterior, refutó aquella aseveración exponiendo que nada sabía él sobre sus anhelos.
Entonces, Zaro, dando una vuelta en el aire transformó toda la porción de mar visible en una pantalla gigante que se dividía en dos partes.


En una, Flora podía ver su vida actual, tan bella y equilibrada pero con el vacío de no poder compartir nada de todo eso con Ana.
En la otra, su realidad se remontaba a los momentos precarios, sencillos y cotidianos de su existencia al lado de su objeto de emanación de potentes sentimientos: su madre.


Observando "la película de las vidas posibles", una serie de sensaciones invadieron a Flora que rompió en llanto y sin pensarlo entendió a Zaro de que realice sus deseos más profundos y fuertes de una vez.

El concesor preguntó con seriedad si realmente estaba dispuesta a formar parte de ello con la carga significativa que poseía el materializar TODOS los anhelos más sentidos desde SIEMPRE.
Impulsivamente, Flora respondió que sí.

En el momento en que la afirmación llegó al destino indicado, el ser volvió por donde había llegado, y estando a mitad de camino, retornó metamorfoseándose en algo que intentaba ser humano.

La joven, desconcertada, se esforzaba por divisar aquel cuerpo que se aproximaba a ella.
Mientras la distancia se acortaba paulatinamente, los rasgos de aquello tomaban características reconocibles: cabellos oscuros, piernas largas y delgadas, brazos finos y unos ojos que brillaban y se confundían con el color del cielo.


Retuvo esas descripciones y entendió qué -o mejor dicho quién- era lo que llegaba. Era su madre. Sí, Ana que regresaba increíblemente de eso que llaman la muerte.
Enseguida, Flora se levantó del suelo y, hundiendo sus pies en la arena empapada, emprendió una carrera a estrellarse en el pecho materno.


Cuando sólo las separaba un metro de aire, cielo y mar, Flora se desplomó en el agua clavando su rostro en el fango arenoso sin reflejos ni respiración.


Perdida en su deseo más próximo, había olvidado que por muchos años no sólo había soñado con volver a tener a su madre con vida, sino que también había ansiado su propia muerte.


Sus añoranzas más profundas y sentidas pero contradictorias habían sido concedidas. Ana regresaba al mundo real con vida y la absurda existencia de quien aceptó desafíos antinaturales llegaba a su fin.


* Rata Blanca, "Aun estás en mis sueños".

Proyecto


Quería ser escritora, quería diseñar ropa, quería decorar interiores, quería ayudar a la gente, quería ser filósofa, quería ser hechicera, quería ser música, quería ser periodista. También quería ser "mujer".

Quería de todo y todo lo emprendía. Todo, también, lo dejaba a la mitad.
Soñaba aún con el príncipe azul -qué ilusa a esta altura de su vida-.
Sentía que las elecciones le costaban demasiado, pensaba que cada paso era definitivo e irreversible. Los extremos había sido parte de su vida. El todo o nada se debatía en su cabeza a cada momento.

A menudo, sentía que la nada la apoderaba.
Tenía una carrera, sí, la tenía. Tenía un trabajo, sí, lo tenía. Tenía un trozo de familia, sí, algo quedaba. A veces, además, tenía dignidad.
Amaba la lluvia: su olor a lombrices de infancia y la humedad caer en su rostro.

En ocasiones las diagonales la perdían en un torbellino de pensamientos aislados del trajin del urbanismo.

Cierto día en el que -como de costumbre- iba camino al trabajo, la explosión celestial la sorprendió.

Miró al cielo como quien se asegura tontamente de lo obvio y cerró el bolso rojo que llevaba colgado del hombro derecho.

Aminoró el paso y disfrutó de las veredas mojadas que se extendían pie a pie.
Los bocinazos recurrentes se alejaban cuanto más aumentaba el caudal de agua que caía.

Era 7 de octubre. La fecha la sensibilizaba.

Le faltaban 3 calles para llegar cuando tropezó con una cosa de material que sobresalía del suelo y cayó de manos en un charco.
Quedó tirada en el agua unos segundos en los que pensó mil cosas irreconocibles por su velocidad.

Como si nada y empapada se levantó (una vez más en su vida), volvió por donde había caminado hasta llegar a su casa.

En la habitación -que era un desastre- revolvió un cajón lleno de ropa interior y se detuvo en un sobre. Sin abrirlo lo metió en el bolso rojo.
Tiró en la cama algunas prendas, zapatillas y el cepillo de dientes. Metió todo en una valija y salió nuevamente.

En vano buscar un taxi disponible con aquel temporal. Corrió en contra de la lluvia hasta la parada del colectivo riendo de unas personas que luchaban con el viento y sus paraguas. Esperó unos minutos y tomó un 214.

Iba completo. Por alguna razón ella sentía que la gente la miraba más de lo debido.
Insegura de sí, se recorrió una y otra vez con la memoria y la vista intentando encontrar la anormalidad superficial; pero nada. Tocó sus huecos nasales ante la vaga duda de que un agente indeseado cobre protagonismo en la escena de su rostro. Pasó sus yemas por debajo de sus ojos intentando limpiar los posibles rastros de rimel resistente al agua mojado por la lluvia. Pero todo parecía en orden.

¿Qué corno me miran?
Ahí dobló la situación y se dedicó a observar a cada uno de los que le clavaban la vista a ella.

La primera fue una vieja que estaba sentada en el asiento de donde ella se agarraba. Tenía el pelo teñido de amarillo patito y un crecimiento blanco asqueroso de como 2 centímetros. La miraba de arriba hacia abajo y cada tanto deteniéndose en sus uñas. La combatió mirándola fijo y siguiendo la vista de la vieja hasta que fue conciente del juego. Ahí se calmó y apuntó la mirada al frente inmóvil.
Otro era un hombre de como 40 años -sino más- que le miraba el culo. Ella con su mejor antipatía se miró dificultosamente su propio trasero y le clavó los ojos al tipo hasta que buscó otro culo para ojear.

Siguió contrarrestando observaciones hasta llegar a una chica. Esa mirada sí la incomodaba. La veía y le recordaba a ella hace unos años. Joven, deseosa de saciar sus carencias. Los ojos claros, tristes, grandes y profundos.
Alejó el desafío y la veía ya con nostalgia de sí. Abortó el contrarreste de miradas y colgó los ojos del vidrio de la ventanilla en el que se estampaban las gotas de lluvia con cada acelerada.

Que me miren, se dijo. El problema es suyo en todo caso, no mio. Y recordó lo que muchas veces su madre repetía: "los perros ladran, señal que cablagamos". Rio reviviéndola en su memoria y se perdió en los domingos que vivían cuando estaban las dos. Las tardes enteras de invierno mirando tele en el sillón tapadas con el acolchado marrón. Abrazos recurrentes y alguna siesta hasta los mates de la tarde.
¡Qué domingos! ... qué domingos que nunca más volverán. Domingos que en aquel momento no valoró como ahora.

Era 7 de octubre, la fecha la sencibilizaba.
Bajó en la parada de la terminal. En la boletería compró el pasaje de ida a San Juan. El viaje tardaba alrededor de un día. No sabía donde iba a parar ni qué explicar a su familia y jefes. De todas maneras, ya no le importaba.
Faltaban dos horas para que saliera el colectivo y la ansiedad -como siempre- le comía los sesos.

Odiaba esos momentos en que los impulsos la invadían y la realidad la hacía esperar y detenerse.

Quería convencerse de que en esas dos horas sus pensamientos y el bendito sentido común no la iban a hacer desistir de tal arranque escapatorio.

viernes 4 de abril de 2008

Oculto


Como el camaleón !

Pronto se viene una serie de capítulos de una novela. Espero les guste.

Este pájaro me dio mucha ternura, sobre todo su canto

domingo 30 de marzo de 2008

Maripositas en la panza ♥


Una olvidada sensación irrumpía en sus sentidos.
Poco a poco la oscuridad un día se corría de su vida.
Pese a los desatinos del pasado, la esperanza y una sonrisa sincera son parte de su ser.
Presiente que los tiempos de las efimeridades han concluido.
Aquel ser logró intervenir en la monotonía de sus días despertando ese cosquilleo abdominal que algunos nombran amor.
Los peligros reales no parecen alterar sus expectativas.
Todo el pasado parece desvanecerse mágicamente, increíblemente.
Insospechadamente llegó el amor y millones de ilusiones que sólo el tiempo hará realidad pacientemente.

viernes 28 de marzo de 2008

Hoy sé lo que es ser feliz .. hace meses, moría por dentro


Prisionera, prisionera de mis pasiones y mi delirio mental. Prisionera de las palabras que intentan trasmitir sentimientos reprimidos en el pecho y sólo confunden todo. Prisionera ahora del tiempo, esperando que transcurra con la certeza de que curará las heridas y dejará el dolor atrás; pero a la vez teniendo la seguridad de que, por otra parte, ese tiempo será el que haga de mí tu olvido.
Transitando ese tiempo esperando olvidarte con la certeza de que transcurren las pasiones sabiendo que la próxima ya no será tan intensa.
Mortificándome por un enlace efímero que aposté duradero y feliz. Escuchando que tiempo es lo que te falta en este momento para dedicarme a mí.
Yo, mendigando ese tiempo tan valioso en tu vida que no tiene lugar para mis palabras, de las que hoy soy prisionera.
Giran en mi cabeza palabras clave que anuncian mi fin autoestimulado. Deseando mi propia muerte sin el valor suficiente para llevarlo a cabo en la acción propia.
Agotando hasta las posibilidades más insólitas por no dejar que el tiempo pase viéndome esperando que sucedan milagros inesperados; que alguien toque a mi puerta con la caja de la felicidad esperando ser descubierta con sólo una palabra que hoy, tampoco, podría reproducir ni aunque tuviera tal posibilidad.
Anhelando la única solución que sería tener en frente a un cuerpo que hace meses ya es ceniza hablando como en los tiempos que todos, excepto yo, sabían que acabarían. Esperando despertar cuando en verdad nunca estuve dormida. Bajando a lo más profundo de mi misma y viéndome pequeña y sola como jamás creí que estaría. Derramando lágrimas de pena y tristeza por la propia vida que es tan patética como la imagen que se ve en el espejo.

martes 25 de marzo de 2008

Hace unos años, cuando sentía como hoy




Sé que al escribir sobre tu persona y mis sentimientos, me arriesgo a resignarme a que ya nada será posible para mí con respecto a tu vida. Pero es imperiosa mi necesidad de expulsar por algún medio toda esta catarata que invade mi mente y muchas veces mi pecho hasta concluir en las lágrimas.
Las posibilidades siempre fueron escasas y ninguna con riesgos menores de perderte, tanto por tus propias reacciones como por decreto del azar.
La cuestión no es de modo alguno compleja. Lo complejo es lo que desata la imposibilidad de expresar con simples y contingentes palabras interioridades únicas pero crónicas que modifican y alteran un estado mental predeteriorado.
Representado verbalmente, sería un ejército de frases aparentemente incoherentes entre sí, que en verdad significan, en su conjunto, un universo único y personal en el que habitan tu imagen y mi ser. Se desprendería así, el hecho de necesitarte y, en algún punto quererte.
Mediante un gesto, sólo un fuerte abrazo representaría todo lo que intento demostrarte para, por fin presenciar tu reacción, pero no la que sería habitual, sino la verdadera y espontánea.
Qué contradicción hablar de perder algo. En realidad, sólo puede perderse algo siempre y cuando ese algo haya sido, previamente de la persona que, posteriormente, lo pierde. Entonces, cómo temer perderte si nunca fuiste mío -y si en algún momento lo fuiste, hay una certeza inamovible que es que ya no lo sos-. A modo de reflexión, me pregunto ahora, ¿por qué el miedo? ¿Cuándo creí que me correspondías?
Tu calculadora mente que cree -y a veces logra- tener todo bajo control, ni siquiera imagina que por estos días, muchas horas de mi vida giran en torno a tus señales. Ella -mi mente- repasa el pasado sin cansarse y finge olvidar tu imagen para producir un estímulo en mi mano que concluya en tomar una foto que congeló uno de nuestros últimos momentos juntos.
El tema es que mi dolor reside en el hecho de tu indiferencia. Nada de mí parece alterar siquiera un nervio de tu ser. Tus latidos ya dependen de otro alguien del que me hiciste saber bruscamente.
Mi seguridad es que esto fue tu culpa. El juego que empezaste me atrapó y se convirtió en sentimientos reales para mí; mientras seguías jugando sin medir las consecuencias en mí, o midiéndolas y esperándolas, aunque me cuesta creer que tu esencia sea tan perversa para calcular ese dolor y gozar tu triunfo.
Idolatro toda tu persona. Tu intelecto me apasiona y esa pedantería que se esconde detrás de tu aparente buen humor sarcástico.
Creí que estabas abriendo mis ojos a la realidad, cuando en verdad, sólo colocaste en frente de ellos un paisaje ilusorio que improvisaste a tu antojo e incendiaste a la primera señal de aburrimiento; dejando un espejo que me permitió contemplar las ruinas en las que me encontraba, todavía de pie.

Fragmento citado

"Si alguien ama a una flor de la que sólo existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas. Puede decir satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…" ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¿Y esto no es importante? "

El Principito, Antoine de Saint-Exupery

Flor de ciudad


Exploradores lunares


domingo 23 de marzo de 2008

Abstracto


En mis ojos era un árbol y la luna. Para Simona era esto.

Hormigueando


Ahí va la hormiga.. camuflada, cargada, veloz.

Pista al revés


Siempre me imagine andando en patines por ahí arriba

Farolito


" Un farolito de ilu

sión .."

Luces y reflejos


Plaza Islas Malvinas: luces y Luna

Domingo alternativo

Vieja Estación 17 y 71






sábado 22 de marzo de 2008

Sueño: en busca de la felicidad


Ya dos años esperándolo. Todavía hasta ese momento no sabía exactamente cuánto habría sido.
Soportó sus risas, sus besos, sus abrazos, sus desprecios y también su rechazo.
Todo ese tiempo amándolo intentó olvidarlo jurando ya no caer en sus redes de locura.
Pero lo que llevaba dentro por él pudo más un día y decidió olvidar que debía olvidarlo entregándose a sentir puramente esos sentimientos que aún no sabía si serían amor. Creyó que de esa forma todo lo expulsaría para renacer.
Miró por horas su fotografía, leyó todas sus palabras, recordó cada momento y expulsó unas cuantas lágrimas en su nombre.
Durmió horas en secreto y, en sus sueños, alguien le indicaba una fecha, un momento, un lugar y una esperanza. Allí debía estar con una extraña ofrenda.
Despertó cuando el sudor la invadía y el frío helaba su piel húmeda.
Al instante, recordó ese extraño trance onírico, pero no en su plenitud.
Hurgó en su laberíntica mente el lugar que la mujer de rasgos dulces había señalado, pero muy en vano le fue el esfuerzo.
Pasó los cinco días que separaban al sueño del futuro excavando en su memoria sin otra certeza más que la de saber que algo sucedería ese viernes a las 17.15 en vaya a saber Dios qué lugar donde ella tendría que estar para cambiar su destino.
Eran las 15. Dibujó un mapa de la ciudad –extraña convicción de que sería su ciudad- con los lugares imposibles de suceder hito alguno,
En cada sitio estableció un plano aumentado donde la arquitectura intentaba asemejarse a la realidad para producir estímulo alguno en su inconciencia y así, se le devele por fin el misterio de la felicidad.
Una hora antes de la premonición sin saber todavía donde estar, tomó de forma azarosa una guía telefónica, cerró sus ojos, sacudió sus hojas y seleccionó una de ellas.
Con su mano la recorrió de punta a punta desprendiendo cada ilusión en sus movimientos para asegurarse de escoger acertadamente. Se inmutó por unos instantes aun sin ver y volvió a concentrarse en el sueño aquél. La cara de esa mujer volvía una vez más.
Regresó al aquí y ahora cuando su falange meñique recorría de arriba abajo la foja trazando líneas imaginarias. En un momento plantó su recorrido y abrió los ojos. Esa era la dirección. Respiró hondamente, leyó esos números y los transcribió en otro papel. En ese lugar estaría ella y su felicidad esperándola en tan solo minutos.
Pensaba entonces, ya que encontraría >la felicidad<, qué era eso. ¿Cuál era la felicidad para ella en ese momento? Entre todas las variantes, existían algunas posibles y otras totalmente irrealizables, tanto en la vida, como en el más allá del que tanto se habla. Las pensó a todas.. a cada una dedicándole segundos de reflexión. ¿Qué era ser feliz?.. De inmediato buscó un diccionario. Extraño resultado: “Estado del ánimo que se complace con la obtención de un bien. Satisfacción, gusto, contento. Suerte feliz”. Definitivamente la Real Academia Española tampoco sabía qué quería decir aquello; el texto lo evidenciaba. Las más imposible que le pasaba por su mente era (…) incompleto.. ¿Alguien tiene pautas para seguirlo?

Hojas de otoño


Las hojas

Andaba por las calles urbanas. Era de noche, una noche gris y húmeda de otoño. Del cielo caían unas gotas que ella buscaba terminen en su rostro.
Gente, autos, luces y ruidos era el escenario que sus sentidos perceptuales captaban ajenos, como una situación que veía pero que no vivía.
Una peculiar circunstancia la alejó aún más de esa realidad: vio caer una hoja de un árbol que se estrelló en el suelo empapado.
Intentó -a la par de sus pasos- describir aquel momento, pero le fue imposible. Entonces se decidió a esperar que otra hoja caiga de ese u otro árbol.
Aguardó paciente hasta que sucedió. No obstante, comparó las dos imágenes que su mente había almacenado detalladamente y descubrió que no eran iguales. Los dos mismos objetos analizados en la misma acción eran diferentes: las hojas no caían de la misma forma.
e preguntaba por el hecho concreto de la caída de las hojas y por la sensación que provocaba ser espectador de esa escena.
Pensó un largo rato y comenzó a relacionarlos con las cosas que ocurrían en la vida de las personas.
Según su analogía, la caída de una hoja significaba un fin. Pero muchas otras cosas eran finales: las despedidas, los atardeceres, las peleas, los encuentros...
Le surgió en la mente la idea de que los finales quizás anuncien un comienzo. La caída de una hoja significa que se ha desprendido de su rama indica el fin de la vida de esa hoja en particular, que supondrá el nacimiento de una nueva en su lugar.

El atardecer es el fin de un día, pero indica el comienzo de uno posterior.
Una despedida representa el fin de un encuentro, pero prevé un nuevo saludo de bienvenida.
Pero... ¿sabemos en realidad si habrá un último fin, ese que sea el FIN último e irreversible?
Más allá del incierto que comprende a la muerte que -según se piensa- es el fin último, aunque nadie lo sabe. ¿Por qué se le dice fin a las cosas que se renuevan? ¿Cuál es el fin entonces, el verdadero?
Inmediatamente después de hacerse este planteo, recordó lo que alguna vez había leído en un poema de Quevedo. Según sus contemplaciones a raíz de este poema, luego de "el fin" -la muerte- algo queda dando lugar a otro principio.
La muerte es el fin de la vida, pero también es el comienzo de la muerte en sí misma y el incierto universo que la contiene.

Pero seguía sin poder describir la caída de las hojas. Sabía que era una escena maravillosa, única y hermosa, así como simple, sencilla y cotidiana.
Sabía que algunas caían con el tallo hacia arriba y medio enroscadas, otras de costado y que todas -al caer- emitían sonidos diferentes.
Sintió una gran contradicción, porque era bello verlas volando y detenerse en el suelo, pero deprimente a la vez.
Contemplaba caer cada hoja y podía verse ella atravesando la vida, los momentos y todos los finales que había protagonizado.
Permanecía ajena al tránsito del mundo a su alrededor, triste y melancólica. De repente, la felicidad la invadió al poder notar conscientemente que estaba viviendo uno de los momentos que más había anhelado en los últimos tiempos.
Se encontró en la calle oscura caminando en completa soledad y silencio absoluto. Adoró el minuto que duró ese instante y lo disfrutó tanto como jamás había imaginado.
El mismísimo universo podía desmoronarse aún con más fuerza que su propia vida en ese segundo, pero nada le importaba ya. Todo aquello que más quería en su existencia había finalizado, pero sin anunciar inicio alguno: el lazo más fuerte se había acabado, había visto y sentido caer esa hoja del árbol y pudo sentir el silencio de la oscuridad.
Ya no había cosa más que poseyera sentido alguno para que impulse su existencia.
El fin de sus deseos posibles había llegado, lo que preveía el principio de la nada absoluta.

miércoles 19 de marzo de 2008

Paisajes Sureños





Definitivamente el paraíso existe y está a no tantos kilómetros como nos quieren hacer creer.


No es en el cielo, es bien terrenal.


Agua, montaña, vegetación y paz.


De día el Sol, la lluvia y el arco iris. De noche la luna y las mil y

una estrellas cubriendo un techo perfecto.

martes 18 de marzo de 2008

Tormenta y algunas flores






Anticipan arco iris !


Orden en el tiempo: calma, tempestad, resplandor y brillo.


Busquen en la foto ! ji

(hay un colado, es verdad)

lunes 17 de marzo de 2008

Cosas de todos los días





A veces me pregunto cómo pasamos la vida indiferentes a tanta belleza que nos rodea.

A mi criterio, estas capturaciones son el fiel reflejo de eso que tenemos a la vista día a día.

Las flores son bien platenses.

El caballo es del Camino Punta Lara.

El gato es barilochense.
Espero que quien vea esto disfrute tanto como yo de su existencia.

domingo 16 de marzo de 2008

Flor!



Parece una margarita .. està en un àrbol platense por calle 17 y 60 y pico
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Vientos en la calle

8 entre 47 y 48 . Musicos en liquidación
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