jueves, 15 de mayo de 2008

Melancolización

Hay días de melancolía. En el vano intento por desterrarla decidí hundirme en ella, acompañarla con los recuerdos y sus certificados. Hurgué en los cajones, descubrí las cajas de mis tesoros: había fotos, una selección de aquellas que jamás me canso de ver. Reconstruí esas vivencias. Lo hice con escenas que estaban en mi mente desde que ocurrieron y evocando los relatos de quienes me dieron identidad, memoria. Reprimí una lágrima mirando al costado. Llegué al fondo de la caja. Papeles escritos de puño y letra describieron en su traducción momentos hermosos; también otros tristes.













Cuatro de ellos fueron repasados varias veces por mis ojos, uno es una carta de una AMIGA que data de dos años atrás:

“Lu: hoy me puse sentimental. Sería interminable contarte todo lo que estuve recordando y como adivinarás las lágrimas salieron solas, como ahogadas, explosivas, siempre latentes, pujando por estallar. Esta tarde fui un mar de lágrimas. Porque ya pasaron dos años y medio que no las veo todos los días, que no las escucho todos los días, que no las tengo todos los días. El tiempo pasa y las ausencias duelen. No pude dejar de pensar en quiénes éramos y quiénes somos hoy en día. No me permití ni reprimir, aunque sea, los recuerdos dolorosos porque en esos ustedes estaban ahí y ellos brotaban solos sin que pueda hacer nada para contenerlos. Porque hoy me faltan sus abrazos, sus sonrisas, sus ironías, sus silencios… y los extraño, los recuerdo. Es cierto que aquellos buenos momentos (que existieron y verdaderamente no recordaba la gran cantidad que fueron; quizás abrumada por los malos) no tardaron en protagonizar esta tarde que tuve. ¿Te acordás de las mañanas en la glorieta de Plaza San Martín? ¿O de las tardes en Plaza Malvinas? Esos fueron los grandes momentos que me dio la vida, los momentos donde tres personas, tan parecidas y tan diferentes, parecían poseerlo todo, ser completamente felices por un par de horas. Miro hacia atrás y me doy cuenta que allí, con ustedes, fui feliz. No puedo contener el llanto. En otros momentos la vida nos dio la espalda, en tantas ocasiones creímos que todo se derrumbaba y la utopía de la felicidad parecía inmerecida, inalcanzable, desconocida. Ahí estaban ustedes dos, los dos pilares que mantuvieron mi arquitectura; sus llantos que eran los míos, mi dolor que se fundía con el suyo, mi desconcierto que hallaba alivio en sus miradas. El dolor azotaba y lo hacía sin piedad, pero ahí estaban ustedes para contener la sangre que brotaba de esas heridas que nunca cierran, que remiten pero siempre residirán; esas heridas que me enseñaron a curar.
Te imaginarás todo lo que lloré hoy. Justamente estaba escuchando a Sabina, una canción que siempre que la escucho se me aparecen ustedes dos:

`lágrimas de plástico azul, con sabor a despedida
cuándo pasará el autobús por mi callejón sin salida?
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas
a hacer noche en el cristal`

Cada verso me hace acordar a un momento diferente, seguramente ustedes también puedan recordar lo mismo que yo.No quisiera terminar esto llorando pero como veo que no voy a poder impedirlo, no me contengo. Me gustaría redondear una idea, poder parafrasear un rato; pero las palabras se me resbalan en esta vorágine de sentimientos ¿escucharon “Love of my life” de Queen? Cuando la escuché por primera vez traté de imaginar cuánto habría amado F. Mercury a esa pareja y me pregunté si existía un amor así, todavía me lo pregunto.Hoy tengo una certeza, ustedes dos son el amor de mi vida. Saben que siempre detesté las cursilerías y esta definitivamente, no es una. Son el amor de mi vida, son una parte de mi, tan mías como mis dolores y estas lágrimas, están muy dentro mío. Porque son una de las cosas más importantes que me dio la vida, porque el día que no esté voy a seguir viviendo en ustedes dos, que son yo misma; porque son mis hermanas, porque son lo que aspiro a ser, porque las admiro, porque son mis amigas del alma, porque si es cierto que tenemos algo que se llama alma, entonces mi alma son ustedes dos.
El llanto me quiebra, ya no puedo escribir, me hubiese encantado decir mil cosas más, cosas que quizás hubiesen esperado que dijera, perolas palabras parecen no estar a la altura de las circunstancias. Se tornaron obsoletas. Sólo gracias, solamente gracias por haberme dado la oportunidad de quererlas así”.

Adhiero a cada palabra. Esta catarsis me va haciendo consciente de mi actual felicidad. El resto de la correspondencia pensaba transcribirla, pero ya no le encuentro el sentido. Quizás en otra oportunidad. Por el momento volverá todo a esa caja que guardo con recelo y cada tanto descubro como si fuera la primera vez.