Prisionera, prisionera de mis pasiones y mi delirio mental. Prisionera de las palabras que intentan trasmitir sentimientos reprimidos en el pecho y sólo confunden todo. Prisionera ahora del tiempo, esperando que transcurra con la certeza de que curará las heridas y dejará el dolor atrás; pero a la vez teniendo la seguridad de que, por otra parte, ese tiempo será el que haga de mí tu olvido.
Transitando ese tiempo esperando olvidarte con la certeza de que transcurren las pasiones sabiendo que la próxima ya no será tan intensa.
Mortificándome por un enlace efímero que aposté duradero y feliz. Escuchando que tiempo es lo que te falta en este momento para dedicarme a mí.
Yo, mendigando ese tiempo tan valioso en tu vida que no tiene lugar para mis palabras, de las que hoy soy prisionera.
Giran en mi cabeza palabras clave que anuncian mi fin autoestimulado. Deseando mi propia muerte sin el valor suficiente para llevarlo a cabo en la acción propia.
Agotando hasta las posibilidades más insólitas por no dejar que el tiempo pase viéndome esperando que sucedan milagros inesperados; que alguien toque a mi puerta con la caja de la felicidad esperando ser descubierta con sólo una palabra que hoy, tampoco, podría reproducir ni aunque tuviera tal posibilidad.
Anhelando la única solución que sería tener en frente a un cuerpo que hace meses ya es ceniza hablando como en los tiempos que todos, excepto yo, sabían que acabarían. Esperando despertar cuando en verdad nunca estuve dormida. Bajando a lo más profundo de mi misma y viéndome pequeña y sola como jamás creí que estaría. Derramando lágrimas de pena y tristeza por la propia vida que es tan patética como la imagen que se ve en el espejo.